lunes, 21 de abril de 2008

"La revolución de la esperanza" de Erich Fromm (fragmento)

Dato importante: la primera edición de este libro data de 1968. Según Erich Fromm "tener esperanza significa estar presto en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin desesperarse sino ocurre en el lapso de nuestra vida". Fromm falleció en 1980. A no desesperarnos entonces.

"Un espectro anda al acecho entre nosotros y sólo unos pocos lo han visto con claridad: una sociedad completamente mecanizada, dedicada a la máxima producción y al máximo consumo de materiales y dirigida por máquinas computadoras. En el consiguiente proceso social, el hombre mismo, bien alimentado y divertido, aunque pasivo, apagado y poco sentimental, está siendo transformado en una parte de la maquinaria total. Con la victoria de la nueva sociedad, el individualismo y la privacía desaparecerán, los sentimientos hacia los demás serán dirigidos por condicionamiento psicológico y otros expedientes de igual índole, o por drogas, las que tambíén proporcionarán una nueva clase de experiencia introspectiva. Como Zbigniew Brzezinski lo indica: "en la sociedad tecnetrónica, el rumbo al parecer lo marcará la suma del apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caerá facilmente dentro del radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotarán de modo efectivo las técnicas más recientes de comunicación para manipular las emociones y controlar la razón". Esta nueva forma de sociedad ha sido vaticinada en la literatura de ficción por Orwell en "1984" y por Aldous Huxley en "un mundo feliz". Quizá el aspecto más ominoso de lo anterior sea hoy que parecemos perder el control de nuestro propio sistema. Cumplimos las decisiones que los cálculos de nuestras computadoras elaboran para nosotros. Como seres humanos no tenemos más fines que producir y consumir más y más. No queremos nada ni dejamos de quereer algo. Las armas nucleares amenazan con extinguirnos y la pasividad -que nuestra exlusión de las decisiones responsables engendra-, con matarnos internamente"...

domingo, 13 de abril de 2008

"Sobre el resentimiento y el odio" Jiddu Krishnamurti

Hay una razón para este nombre: "Agnés y el nomeolvides". Es mi identificación con el personaje, con la visión del mundo y de la época que Milan Kundera nos trae a través de él. Pero como es éste un verdadero caos - y como tal, implica eyección, descontrol, desapego, duda, miedo, asombro, inquietud, ruptura y más- este texto de Krishnamurti llega para desanudarme. Si lo leen, que les diga lo que sea, que haga impacto en nosotros un desprendimiento lúcido, que nos deje desamparados como el amor, ("como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio" Cortazar) que haga la diferencia...

Pregunta: Si he de ser perfectamente honesto debo admitir que casi todo el mundo me provoca resentimiento y a veces odio. Eso hace que mi vida sea muy desdichada y penosa. Entiendo intelectualmente que soy ese resentimiento, ese odio, pero no puedo hacerle frente. ¿Puede Ud. mostrarme el camino?
KRISHNAMURTI:
Veamos qué entendemos por "intelectualmente". Al afirmar que comprendemos algo intelectualmente ¿qué queremos decir con eso? ¿Existe algo que pueda llamarse comprensión intelectual? ¿O es que la mente sólo comprende las palabras, porque ese es nuestro único medio de comunicarnos unos con otros? ¿Comprendemos algo verbalmente? Eso es lo primero en que tenemos que ser bien claros: si la llamada "comprensión intelectual" no es un impedimento a la comprensión.
La comprensión, por cierto, es integral, no dividida ni parcial. O comprendo algo, o no lo comprendo. El decirse a uno mismo: "yo comprendo algo intelectualmente", es sin duda una barrera para la comprensión. Es un proceso parcial, y, por lo tanto, no es en modo alguno comprensión.
Pues bien, la pregunta es ésta: yo, que estoy resentido, que estoy lleno de odio, ¿cómo he de librarme de ese problema, o cómo he de hacerle frente? ¿Cómo hacemos frente a un problema? ¿Qué es un problema? Sin duda, un problema es algo que perturba. Por favor, ¿me permitís que os insinúe algo? Prestad simplemente atención a lo que estoy diciendo. No tratéis de resolver vuestro problema de odio y resentimiento, observadlo no más. Aunque es difícil penetrar el problema de modo que al final os veáis libres de él, veamos si podemos hacerlo ahora. Será un experimento bastante interesante si lo intentamos juntos.
Yo estoy resentido, lleno de odio; detesto a la gente, y eso me causa dolor. Y me doy cuenta de ello. ¿Oué he de hacer? Este es un factor que perturba mucho mi vida. ¿Qué tendré que hacer? ¿Cómo estaré realmente libre de ello?
No se trata tan sólo de desprenderme de ello por el momento, sino de librarme fundamentalmente de ello. ¿Cómo habré de proceder?
Ahora bien, esto para mi es un problema porque me perturba. Si no fuera una cosa perturbadora, no sería problema para mí, ¿verdad? Porque causa dolor, perturbación, ansiedad, porque creo que es feo, quiero librarme de él.
Por consiguiente, es a la perturbación que yo me opongo, ¿no es así? Le doy diferentes nombres en distintos momentos, en diferentes estados de ánimo; un día lo llamo esto, y otro día otra cosa. Pero el deseo, en el fondo, es no verme perturbado. ¿No es eso? Como el placer no perturba, lo acepto. No deseo librarme del placer porque en él no hay perturbación, al menos por el momento. Pero el odio, el resentimiento, son factores muy perturbadores en mi vida, y yo deseo librarme de ellos.
De suerte que mi Interés es no ser perturbado, y estoy buscando una manera de no ser nunca perturbado. ¿Y por qué no he de serlo? Yo tengo que ser perturbado para des-cubrir algo, ¿no es cierto? Yo tengo que pasar por tremendos trastornos, disturbios, ansiedades, para poder descubrir, ¿no es así? Porque si no me veo perturbado, me quedaré dormido. Y tal vez sea eso lo que la mayoría de nosotros desea en realidad: que se nos apacigüe, que se nos haga dormir, alejarnos de toda perturbación, hallar aislamiento, reclusión, seguridad. Si a mí no me importa ser perturbado (realmente, no superficialmente) si no me importa ser perturbado porque deseo descubrir, entonces mi actitud hacia el odio, hacia el resentimiento, sufre un cambio, ¿verdad? Si no me preocupa el estar perturbado, entonces el nombre no tiene importancia ¿no es así? La palabra "odio" no es importante; ¿lo es acaso? O el "resentimiento" contra la gente carece de importancia, ¿no es así? Porque entonces experimento directamente el estado que llamo resentimiento sin verbalizar esa experiencia. No sé si me explico bien.
En otros términos: la ira es una condición muy perturbadora, como lo son el odio y el resentimiento; y muy pocos de nosotros experimentamos la ira directamente sin verbalizarla. Si no la verbalizamos, si no la llamamos "ira", la experiencia es por cierto distinta, ¿verdad? Como la definimos, con ello reducimos la experiencia nueva a lo viejo o la fijamos en términos de lo viejo. Mientras que si no la nombramos, hay entonces una experiencia que se comprende directamente, y esta comprensión efectúa una transformación en el momento de esa vivencia. ¿Me explico con claridad? Por favor, esto no es sencillo.
Consideremos por ejemplo la mezquindad. La mayoría de nosotros no nos damos cuenta si somos mezquinos -mezquinos en cuestiones de dinero, mezquinos para perdonar a la gente; mezquinos simplemente, bien lo sabéis.
Estoy seguro que esto nos resulta familiar. Ahora bien, dándonos cuenta de ello ¿cómo vamos a libramos de esa condición? No se trata de llegar a ser generosos que no es lo importante. El estar libre de mezquindad implica generosidad; no necesitáis volveros generosos. De suerte que, evidentemente, hay que darse cuenta de ello. Puede que seáis muy generosos al hacer un gran donativo a vuestra sociedad a vuestros amigos, pero terriblemente mezquinos en cuanto a dar más propina; bien sabéis lo que yo entiendo por "mezquino". Uno no es consciente de ello. Cuando uno llega a darse cuenta de ello, ¿qué ocurre? Nos esforzamos por ser generosos, tratamos de vencer nuestra mezquindad, nos disciplinamos con el fin de ser generosos. Pero, después de todo, el ejercitar la voluntad para ser algo sigue siendo parte de la mezquindad, dentro de un círculo mayor. Así pues, si no hacemos ninguna de esas cosas y simplemente nos damos cuenta de lo que implica la mezquindad, sin aplicarle un término, veremos que ocurre una transformación radical. Consideremos la ira: si no le dais un nombre y simplemente la experimentáis, no a través de la "verbalización", ya que la "verbalización" es un proceso que menoscaba la experiencia; si no le dais un nombre, entonces ella se agudiza, se torna muy violenta y actúa como una sacudida; y sólo entonces es posible ser libre.
Tened a bien experimentar con esto. Primero, uno tiene que ser perturbado; y es obvio que a casi ninguno de nosotros le gusta ser perturbado.
Creemos haber hallado una norma de vida -el Maestro, la creencia, lo que sea- y ahí nos establecemos. Es lo mismo que tener un buen puesto burocrático y en él vegetar por el resto de la vida.
Con esa misma mentalidad abordamos diversas cualidades de las cuales queremos deshacernos. No vemos la importancia de ser perturbados, de estar interiormente inseguros, de no ser dependientes. Es sólo en la inseguridad, sin duda, que descubrís, que podéis ver, que comprendéis. Queremos tener, como el hombre de mucho dinero, una vida fácil. Pero él, por cierto, no será perturbado; él no quiere ser perturbado.
Así, pues, la perturbación es esencial para el entendimiento, y cualquier intento de hallar seguridad es un obstáculo a la comprensión; y cuando queremos librarnos de algo que nos perturba, ello es por cierto un obstáculo. Mas si podemos experimentar un sentimiento directamente, sin nombrarlo, creo que es mucho lo que en ello encontraremos. Entonces ya no hay pugna con el sentimiento, porque el experimentador y lo experimentado son una misma cosa; y eso es esencial. Mientras el experimentador verbalice el sentimiento, la experiencia, él se separará de ella y actuará sobre ella; y tal acción es artificial, ilusoria. Pero si no hay "verbalización", el experimentador y lo experimentado son una sola cosa. Esa integración es necesaria, y hay que enfrentarla radicalmente. Espero que esto sea claro.
elmistico.com.ar/krishnamurti.htm

miércoles, 9 de abril de 2008

"La felicidad fallida o las trampas de la esperanza" (fragmento) de "La felicidad desesperadamente" de André Comte-Sponville

André Comte-Sponville en el capítulo "La felicidad fallida o las trampas de la esperanza" propone: "No hay amor feliz: Mientras el deseo es carencia, la felicidad se nos escapa". Para ilustrar este punto nos brinda cuatro ejemplos de los cuales yo elegí el siguiente:

"Hay muchos niños, en nuestros países ricos, que desde fines de octubre escogen el juguete que van a pedir para Navidad. Desean tanto ese juguete, les falta tanto, que queda excluído que puedan ser felices por un instante de aquí a Navidad. Estamos a finales de Octubre: la felicidad se aplaza durante dos meses. Por suerte, los niños olvidan de vez en cuando que ese juguete les falta, por lo tanto, a veces, les sucede que son felices por inadvertencia. Sin embargo, en cuanto piensan en ello, se vuelve imposible: ¡les falta demasiado! Se dicen: "Qué feliz sería si lo tuviese". Pero no lo tienen y, por lo tanto, no son felices. Su espera les separa de la felicidad.
Llega la mañana de Navidad. Todo está bien. (la mañana de Navidad forma parte de los momentos que son más bien fáciles de vivir). Pero, despues de la mañana de navidad, viene indefectiblemente la tarde de navidad. Y ahí algo empieza oscuramente a corromperse, a ensombrecerse, a estropearse... El niño se pone un poco más nervioso y gruñón, como si estuviese descontento. Los padres tambien se ponen nerviosos: "¿que ocurre? ¿no estás contento?¿no es lo que tu querías?". El niño responde: "Sí, es exactamente lo que quería". ¿Qué sucede? Como no ha leído a Platón, no puede responder realmente. En cambio, si lo hubiese leído, diría: "Lo que estoy comprendiendo es que es muy fácil desear el juguete que uno no tiene, el que a uno le falta, y decirse que uno sería feliz si lo tuviera...Pero que es mucho más dificil desear el juguete que uno tiene, ¡el que ya no falta! En el fondo, es lo que explica Platón: el deseo es carencia. Pasa la tarde, luego la cena. El niño se acuesta y, cuando su padre va a hacerle los mimos habituales, el niño pregunta: " Papá ¿cuando es Navidad? El padre queda desconcertado: Navidad es hoy. "Sí, ya sé, responde el niño, quiero decir...la próxima Navidad" Y se inicia un nuevo ciclo.

domingo, 6 de abril de 2008

"Poema III" de *Polvo para morder* Jorge Bocanera

bésale las piernas a la poesía
aunque diga que no/que aquí nos pueden ver
bésale las palabras hurga su lengua/hasta

que abra los brazos y diga ¡Santo Dios!
o hasta que santodios abra los brazos de
escándalo
bésale a la poesía a la loba
aunque diga que no que hay mucha gente que
aquí nos pueden ver/bésale las piernas las palabras
hasta que no de más hasta que pida más
hasta que cante



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"Sí, que no cesen las palabras" Fernando Luis Perez Poza

Sí. Que no cesen las palabras,
que no cierre el corazón su boca de musa infinita,
de sótano triste y violín asustado.
Qué hierva en los labios la simetría del humo
y un tropel de versos sin mármol
bautice con sílabas nuevas el carrusel del aire.
¿Por qué te persigue la memoria?
¿En qué ánfora oscura se recluyó el crucigrama?
¿Qué vela antigua te impide levar el ancla,
soltar amarras y volar con alas de gaviota blanca?
Deja que tu voz suene sin eco,
limpia de cáscaras y gusanos,
que cada letra estalle en la lengua,
sin nudos, como un milagro,
y se deslice en calma por el alambre
desde el corral más íntimo del alma.
Mayo 2003©Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España.
Mis libros en papel: http://ar.f339.mail.yahoo.com/ym/Compose?To=fpoza@mundo-r.com

Hugo Mujica


alba

Quieto,
como no moviéndose
para que la sangre no rebase
la boca
Quieto,
como sintiendo un pájaro
herido
en la palma de la mano
sin cerrar la mano
sin abrir los ojos.
hay una fe que es absoluta:
una fe sin esperanza.


Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo

que no se agitan,
tiemblan.

Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
donde morir de carne,

pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.