jueves, 13 de agosto de 2009

Acerca de "El cruce del Aqueronte" - Mario Capasso

En el cuento “El cruce del Aqueronte”, de Abelardo Castillo, el personaje escribe una carta. El texto de la misma no se da a conocer. Una posibilidad es la siguiente:
Mara te escribo una carta. Y sabés qué. Que si tuviera el coraje de una horda sería capaz de cruzar mis palabras desde mi boca hasta tu oreja, así, como el célebre cross a la mandíbula. Pero no, el asunto es más complejo, al menos para mí, y como tengo el valor de un casi hombre, te escribo una carta a duras penas, Mara. O al menos, ya que no puedo estar seguro de nada en esta vida, así parece demostrarlo este cuaderno que tiembla sobre mis rodillas y esta lapicera que se mueve delante de mí, y si es que no me engaña el que nunca falta después, el irrebatible dolor de cabeza, y encima este calor, porque no sé si sabés, todo el calor transpira sobre mi cuerpo, que todavía sospecha que te escribe. Tal vez, Mara, vos tengas alguna responsabilidad, ¿mérito?, en el hecho de que yo esté ahora acá, puesto en un micro que, según el boleto que acabo de leer a tientas, me depositará en Concordia. Eso si hay un poco de suerte y alguien me ayuda a bajar, pues la Abuela Mística ya desapareció, en Zárate me parece, y se fue de mi viaje sin que le pudiera dar las gracias por haber cuidado del portafolio mientras yo dormía y, además, el nieto que me hubiera gustado ser la esperaba, y a mí no sé si alguien me esperará. O sí que sé, porque siempre es lo mismo. Mi itinerario, Mara, según el testimonio de algunos textos extraviados por ahí, ha sido un sumergirse en una ficción de letras y alcohol. Vos invertirás los términos y tendrás razón. Y vos sos la razón de mi vida, como le habrá dicho Evita al General en la cama, luego de alguna batalla, antes de la derrota final. Pero me fui de tema, siempre me estoy yendo, ya sabés. Vuelvo entonces a letras y alcohol. Alcohol y letras, sería el orden que vos dispondrías, (te conozco, mascarita), ya que las unas son el resultado del otro, su consecuencia inevitable. Y puede ser, por qué no. Tal vez yo sea sólo una cobardía de letras envalentonada por el whisky y sus hermanos menores, a los que nunca subestimé, te acordás de aquella noche que, sí, vos te tenés que acordar, tan linda, tan joven, pobrecita. Pero ahora Mara, llamo desde el fondo, grito, reclamo el pago de una deuda que no existe.Vos. No me dejes caer vos.No abandones Mara al que te traiciona con tanta fidelidad. Porque el micro sigue su marcha y yo escribo, creo, una carta con tu nombre, y no veo la salida aunque ya estoy pensando en lo que deberé hacer cuando llegue y desde la terminal me lleven a alguna parte. Tendré que subir unos escalones y ya te imaginás, no, dejen, está todo bien, puedo solo, faltaba más. Y entonces allí tendré que enderezarme lo mejor posible ante algún grupo de personas muy decentes llamado amanecer literario o el sol de las letras o cosa por el estilo, y me pedirán que por favor les dé una conferencia, de la que apenas voy sospechando algo para decir.Pues aquí lo respetamos mucho, lo admiramos tanto, ¿sabe usted?, dirán.El cuestionario, que habrán preparado en reuniones de lo más ardorosas, incluirá un pedido para que reflexione sobre la misión del escritor en la sociedad, si el cuento es más fácil que la novela, los autores que leí en mi juventud, mis influencias, si tengo horarios para escribir o si me viene la inspiración como le vienen a un pibe las ganas de mear. Infaltable, me preguntarán sobre el cuento-karma que arrastro, iba a decir como una cadena, fijate qué original estoy. No importa. Sigo. Y entonces fumaré mi pipa y les echaré el humo e intentaré decir algo que les suene inteligente, o acaso cualquier barbaridad más o menos hilvanada, al fin y al cabo, ya sabés, Mara, casi siempre me repito.Y en algún momento, al final de la parte en que contesto las preguntas del público presente, son ustedes tan gentiles, tan amables son, alguna de las chicas sentadas en el fondo de la sala, querrá saber en qué ando ahora, qué estoy creando a través de mi pluma privilegiada. Y si logro una vez más no decir la verdad, a ésa que preguntó toda emocionada, la típica adolescente intelectual y soñadora, justo a ésa que quiere cambiar el mundo con una metáfora, la tendré a mi disposición en el cuarto del hotel que me habrán reservado estas buenas gentes dos meses antes y entonces, mientras la bella lee para mí, sólo para mí, Mara, sus poemas de amor y de lucha, pondré mi mejor cara de, bueno, ya sabés que cara pongo en estos casos, en fin, le diré que cómo puede ser que hasta ahora ninguna editorial se haya dignado, y esa profundidad de pensamiento tan tuya, ese fluir tan hermoso que brota de tu poesía, le diré y la acostaré y no dejes de recitar, por lo que más quieras pero seguí, vos seguí recitando como sea que te llames, le diré o no, y entonces ella creerá con toda el alma que le está entrando sin pena la gloria del mañana para derramarse dentro, y de esa forma, con el último jadeo, se pensará la privilegiada novia del Poeta. Y como todo esto no me alcanzará para olvidar el fastidio de estos minutos que llevo arrastrándome desde que nací, un rato antes de que la respiración se tome un respiro, manotearé debajo de la cama y agarraré una botella, la primera antes de las siguientes, pues todos saben y dale nomás.Así que mejor, Mara, qué te iba a decir, mejor hacé de cuenta que es el destino y no abandones al que te traiciona. Porque yo, que soy tu viento, siempre vuelvo. Y no hay remedio, mi vida.
Más de Mario Capasso en: http://www.textos-en-escombros.com.ar/

1 comentario:

  1. MARI, ME PARECIÓ ESTUPENDO. TAN DE VOS. TAN DE NOSOTROS LOS QUE ESCRIBIMOS CON EL ALMA Y LA LENGUA Y EL ESTILO DEL PUEBLO. LA TRAMA HERMOSA. LA SINTAXIS PERFECTA Y EL REMATE, GENIAL. REPITO...TAN DE VOS... ¿DÓNDE OLVIDASTE O GUARDASTE ENTRE SIETE LLAVES ESTE CUENTO?
    ALADINO, HAZ QUE APAREZCA PRONTO A LA LUZ DE MUCHOS.
    TU OLVIDADA SONIA

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