de los invitados...

La ventana era otra
por entonces.
Las ramas eran altas,
tan altísimas,
y jamás se inclinaban.
A mi lado había un dios;
no es que fuera pequeño
el dios de entonces
ni que abarcara poco,
pero se dedicaba
enteramente a mí.
Alma incipiente, el aire
coloquial de un
dios infante
lo atravesaba todo;
epifanía, luz de alba,
espuma de los días,
nacía por entonces
la primera mañana.


Raquel Jaduszliwer

Árbol de magnolias

te conocí el día primero de mi infancia,
a lo lejos te confundes con la abuela, de cerca, eres el aparador
de donde ella sacaba el almíbar y las tazas.
De ti bajaron los ladrones;
Melchor, Gaspar y Baltasar;
de ti bajaban los pastores y los gatos;
los pastores, enamorados como gatos,
los gatos, serios como hombres, con sus bigotes y sus ojos de enamorados
Esclava negra sosteniendo criaturitas, inmóviles, nacaradas.
Virgen María de velo negro,
de velo blanco, allá en el patio.
Eres la abuela, eres mamá, eres Marosa, todo eres, con tu
eterna
juventud, tu vejez eterna,
niña de Comunión, niña de novia,
niña de muerte.
De ti sacaban las estrellas como tazas,
las tazas como estrellas.
Estuvo oculto en tus ramos el Libro del Destino.
Te has quedado lejos, te has ido lejos.
Pero, voy retrocediendo hacia ti,
voy avanzando hacia ti.
Te veré en el cielo.
No puede ser la eternidad sin ti.


Marossa di Giorgio (aporte de Amalia Zacoutegui) 

Nunca perdonaré 
que mi madre no 
supiera peinarme.
Sin embargo,
cuando el dulce
tintinear de cascabeles
introducía aquellos
jinetes feroces,
ella me tomaba 
fuerte de la mano
y desplegaba su talento
para hechizar tragedias.

Paula Vazquez

En un desvío esencial del camino, saliéndose unos metros del pavimento, adentrándose en un terreno desconocido, llevando o no los pies mojados, cualquiera de los viajeros puede vivir una aventura extraordinaria, pero siempre hay que desviarse, salirse un poco de la ruta, desbarrancar si es posible.

Mario Capasso


mi infancia fue potrero, calle cordón y vereda, baldío, árbol, pelota y bicicleta, y las caricias mas suaves de las manos mas suaves , que hoy a pesar de todo lo luchado conservan esa misma suavidad, y siguen pudiendo hacerme sentir esa sensacion de bienestar, esa magia de poder hacerme sentir a salvo de todo, aunque sea por algunos instantes, esos fugaces pero eternos y felices instantes, mi infancia fue feliz, fue los olorcitos de tus comidas y tu voz cantureando a maria marta o a valeria o a serrat y algunos otros, mi infancia fue el hogar que construiste con ese infinito amor y tu fuerza y tu lucha siempre, fue tu optimismo y tu empuje, tu alegria y sufrir cuando te veia llorar jaja era algo que no podia soportar, asi y todo yo lo provoque varias veces jaja, gracias mamita por todo siempre esternamente colmado de tu amor!!


Fernando Vazquez

La voz del pensamiento ¿es algo más que un sueño?
Si el hombre nace y casi de la vida no es dueño,
¿de dónde viene él? ¿Mora del mar la sima
de gérmenes, de -fetos, de embriones? ¿Sublima
en inmenso crisol donde Madre Natura
le resucitará, viviente criatura
para amar con la rosa y crecer con el trigo?..."

Arthur Rimbaud (aporte de Mariel Monente)


Se alzan desde sí mismos, así como la penumbra
del agua es más pura que el agua.
Desde sus niños sube la esperanza, sus bellos
rostros libres parecidos a la honda soledad.
Han sustituido el dolor por la certeza del dolor,
el amor por la inocencia del amor, la muerte
por la íntima amistad.
Combaten a las sombras, comen y sufren por si
acaso, no dicen finalmente adónde iremos a parar.
Adónde, adónde, cuando la vida es ancha a
partir de ellos, a partir de sus brazos tendidos
hacia el mundo.


Juan Gelman (aporte de Hugo Toscadaray)


Cuando volvía de la casa de Lu, se me ocurrió pararme a hablar con Melquíades. Así se llama ese pordiosero que siempre anda por el barrio. Está un poco sucio y, a veces, habla solo. Yo lo conozco desde que voy a tercero o cuarto grado. Mi mamá nunca me dejó acercarme a él. A esa edad yo le tenía miedo a Melquíades. Pero, ahora que soy grande, ni ahí le voy a tener miedo. Lo más desubicado que hace es gritar de vez en cuando. No grita malas palabras: nombra a una tal Sonia. Dice como que la quiere desde toda la vida. ¿Estará enamorado de una mujer con ese nombre? Al final de cuentas, le pasa lo mismo que a mí que estoy enamorado de Sol. El otro día también grité en el patio del colegio que la quería. ¿Y? ¿Está mal hacer eso? Me pregunto yo, una y otra vez. ¿Por qué nos tiene que dar vergüenza dar a conocer nuestro amor por otra persona? A mí me da vergüenza, sí. Mis compañeros me miran con risitas disimuladas, menos Lucía que es la única que me banca en ésta y en todo. Mi querida Lucía…

Graciela Amalfi

a las doce perdiste un príncipe
pero tenés tus dos zapatos
para seguir


Graciela Corrao

Y el otro aquel
También me enseñaste
que una coma es una fatiga del pensamiento
y los puntos suspensivos
no se sabe dónde terminan
que basta un paréntesis
para esquivar la ternura
y que nada es más callado
que el punto final
no tiene a nadie
se le ha acabado el tiempo no
no lo mires.
Hogar
Tranqué la puerta
Cuando lo hice fui un anciano
La llave me metió más al fondo
me negó hasta el ojo de la cerradura
Entonces tuve que empujarme un poco más
y cedí
Tengo en mí esto trabado por testigo.
Historia
Quieres saber qué queda de ti
en la mirada de quien se desfigura
de tanto callarse
Me pides que te diga desde cuándo
y si aún eres tú
No lo sé
sólo sé que él se abandonó a una tierra sucia
y ya no logra verte.


Luis Alberto Crespo (aporte de Norma Starke)


Mi infancia fue el tejido constante del dolor y del rescate. Crecí en pleno campo, a su abrigo. Mugidos, cántaros de leche para la escuela de los humildes, donde mi madre recitaba poesías, pintaba paredes con escenas de cuentos de los hermanos Grimm. Soledad vasta, terror vasto. Trigales de fuego, búhos y lechuzas poblando de belleza y sonido las noches. Galopar...¡ como si nada más que galopar! Escondidas, payana, buscar el cielo entre los zapatos gastados. Hebras de desesperanza. Noches oscuras en el pasto: arriba la joyería de las estrellas y abajo las luciérnagas, en el canto de los grillos. Construir con lo posible la batalla. Libros amados. Amor por las letras. Saber desde el vientre de mi madre que eran mi rescate. Corazón obstinado de la tierra. 

Amalia Zacoutegui

el juego en que andamos

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

Juan Gelman (aporte de María Cristina di Lernia)

un poeta

si se le observa bien, un poeta es un ser que camina codo a codo con la vida.
trabaja, lava, cocina, plancha, hace el amor y saluda – selectiva o indiscriminadamente – a sus vecinos, los mismos acerca de los que escribe o sobre quienes sostiene una inconsciente y descuidada ignorancia.
cuando se le habla a un poeta, uno tiene la impresión de que comprende. quizá sea así, pero en términos generales, su mente es un revuelo de metáforas, un caos siempre por ordenar, un lenguaje primordial.
inventa poesías como quien hace puentes o guirnaldas para jugar por las noches, a colgarlas de un timbre o una estrella.
un poeta siente que le sobran los pies, el mundo se le confiesa en su ventana. lleva el universo en la mirada y cuando llora o ríe lo hace con toda la piel como lo hace un niño libre.
el corazón de un poeta suele andar siempre por delante de sus pasos.
es un ser condenado a bordear silencios, a encontrar la palabra que suture la herida de llevar ombligo.
aspira horizontes, expira rebeldías y por un par de alas, más de uno, le retiró el saludo a dios con el primer verso.
un poeta es, mal que le pese, un apasionado cazador de ausencias.

Cris Chaca

"Los hijos vuelven a sus padres personas mucho más felices" Viviana Sosman

Es toda una búsqueda cada año
elegir un regalo para mi hijo
cada - septiembre - se celebra
ese hecho de celebrar su vida.
Entonces estoy atenta antes
miro
escucho
observo
miro detalles de su nido
escucho comentarios propios
observo cuando viste su casa
Siempre encuentro ese algo
para sorprenderlo
Es allí, cuando me siento maga
la felicidad que me brinda
el hecho
no se explica,
se siente.

Nerina Thomas

retrato

hay en mi habitación
un retrato en el cual
mis hermanos y yo
estamos colgados
de la absurda infancia 
para siempre

Jorge Luis Estrella (aporte de María Laura Coppié)

La dificultad

La alegría debe de haber sido un invento de un ángel distraído. Uno que encontró un arpa sobre una nube y rasgó las cuerdas de cualquier modo, al tun tun, a la nada, a la qué me importa. Eso es lo que se llama infancia, y que por lo general es un invento adulto indispensable para obtener uno de los consuelos fáciles de practicar a muy bajo costo, extrañar, lo que los boleros llaman nostalgia, y los manuales melancolía, pero que en otro caso es una vida en la que el presente existe, tiene olor y color, y risas

Tomás Abraham (aporte de Mónica Palla)

Se quedaron mis manos vacías de caricias...
Despojadas de besos
Sedientas de licores
Embriagadas de amor , .
Esperarán tus penas que
Volverán cansadas ,
con la misma ternura.
Bebiendo la insolencia
del sueño que no es.

Marta Rosa Brignolo

hay que caer y no se puede elegir dónde.
pero hay cierta forma del viento en los cabellos,
cierta pausa del golpe,
cierta esquina del brazo
que podemos torcer mientras caemos.
es tan sólo el extremo de un signo,
la punta sin pensar de un pensamiento.
pero basta para evitar el fondo avaro de unas manos
y la miseria azul de un dios desierto.
se trata de doblar algo más que una coma
en un texto que no podemos corregir.


Roberto Juarroz (aporte de agnès)

Setenta y dos

Por entonces yo nacía
y a las palabras
les iban creciendo alas.
Las flores de macramé
del traje de mamá
me tatuaban el alma.
Los sueños aumentaban,
se hacían fuertes,
redibujaban el camino.
Yo nacía
y se hablaba de paz, de justicia,
de lo cierto.
Y se creía en las banderas,
en las raíces,
en que todo era posible.
Yo estaba naciendo
cuando las guerras eran absurdas y lejanas
y ser naif estaba de moda.
Yo nacía,
llegaba a una vida valiosa.
Me esperaba el moisés
tejido en poesía,
corazón de mimbre,
y la mano seda
regando en mí
la absoluta libertad.
Setenta y dos
Por entonces yo nacía
y a las palabras
les iban creciendo alas.
Las flores de macramé
del traje de mamá
me tatuaban el alma.
Los sueños aumentaban,
se hacían fuertes,
redibujaban el camino.
Yo nacía
y se hablaba de paz, de justicia,
de lo cierto.
Y se creía en las banderas,
en las raíces,
en que todo era posible.
Yo estaba naciendo
cuando las guerras eran absurdas y lejanas
y ser naif estaba de moda.
Yo nacía,
llegaba a una vida valiosa.
Me esperaba el moisés
tejido en poesía,
corazón de mimbre,
y la mano seda
regando en mí
la absoluta libertad.

María laura coppie

Instructivo para mirar al despertarse.

1) Apoye la mano derecha sobre su corazón y verifique la actividad orgánica.
2) Respire como si estuviera naciendo.
3) Bostece dos compases de redondas de las letras Ah y un compás de la letra M.
4) Trate de saborear alguna alegría instalada en el paladar de su memoria.
5) Recuerde y reserve un sueño para el desayuno.
6) Si tiene un ser querido a su lado, percíbalo.
7) Justifique el observar nuevas perspectivas.
8) Tenga deseos de mirar.
9) Ahora sí, lentamente, levante sus párpados y piense que,

lo que verá, lo hará feliz.

Jorge Andrès Rosker

esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Juan Gelman (aporte de Beta Bindi)

una casa no siempre es una casa;
puede ser la excusa para una renuncia.
tal vez así fue para vos, mamá.
un ejercicio solitario en medio de la espesura.

Valeria Cervero (aporte agnès)


el sabio niño

así como el escultor encuentra
a la mujer dormida
en el granito impenetrable
en el negro azabache del mármol
eterno yacente de los siglos
busca el sabio al niño antiguo
que aún vaga por el alma de los hombres
tiene fe esperanza y no ceja
profunda la mirada inquietas las manos
certero en su búsqueda incansable
lo ha visto hace años
alegre diverso inquieto
albo y dorado en suaves campiñas
mate y tenaz en su selva milenaria
pequeño jinete de los dragones de fuego
sabe que está allí esquivo
a veces sombra a veces luz
cachorro del hielo celeste
mago alado del desierto infinito
osado timonel de mares encrespados
hace tiempo ese niño espera
al hombre sabio que vuelve a él
y ahora compañeros hasta el fin
huellan caminos pendientes
aunque ignorantes de quién es quién.


Felipe José Issa

Infancia

Palermo barrio, colectivo 39
Cuadriculado patio estrellado de brevas
De la higuera centenaria
Bulla de gorriones en las altas ramas
De los falsos arces dorados por el sol en el otoño
Mezclada con bulla de futbol callejero.
Voltaire hecho pasaje
En el camino de la escuela 22
Vuelo de monopatín por la vereda
Señora vecina cruzando de improviso
Vuelo de la señora, monopatín
Y del suscripto.
Cargosear a los hermanos mayores
Músicos y artistas pintores
El pañuelito blanco que te ofrecí
Cantaba mi madre
Acompañándose con la Singer
Padres que nos trataban de usted
Y se trataban de usted
Piano en la sala oscura como en el tango
Abuelo andaluz incha de Racing
Tranvia 31 a puente Saavedra
( con dos luces coloradas )
Por el boulevar arbolado de Cabildo
A visitar a los tíos ( Con paquete de factura )
Paseos de verano en el Rugbi sin capota
Rosedal, lago, guitarreada y mate
Verano con playitas de Anchorena
En el río marrón
Barrilete en el terraplén pasando la Juan B. Justo
Piñas con los vecinitos por cuestiones de bolitas
O por pisar sus veredas o por motivo cualquiera
Con las nenas no juntarse o pasar por maricòn
Billarda trompo y balero y también las figuritas
Cine gratis los domingos, pero había que ir a misa
Resplandores en pretérito
Destellos insistentes de ventura
Que cubren los dolores de crecer
Ambicionando retornos imposibles


Alejo del Manso

Gaviota en concierto

La tarde es miel derramada en paisaje
contradictoria imagen
señal de nieve en estío
el paso de las horas une
madrugada y atardecer
en vuelo mi gaviota percibe
pueblos ciudades países y
en concierto voces humanas
surgen corpóreas
(metamorfosis de reclamos)
Un planeta sano
música para sanarlo
-para sanear errores-
la tierra siempre camino abierto
la lluvia riego suave en campos fértiles
el sol savia sobre cuerpos y hojas
¿será tejer sueños unir voluntades?
Nos alejamos
me sostengo de su cuerpo
y son mis alas
(nacieron en un instante)
las que en concierto
se adueñan de esta noche
edificada en música humana.

Libro secreto ® Cecilia Ortiz

Se alzan desde sí mismos, así como la penumbra
del agua es más pura que el agua.
Desde sus niños sube la esperanza, sus bellos
rostros libres parecidos a la honda soledad.
Han sustituido el dolor por la certeza del dolor,
el amor por la inocencia del amor, la muerte
por la íntima amistad.
Combaten a las sombras, comen y sufren por si
acaso, no dicen finalmente adónde iremos a parar.
Adónde, adónde, cuando la vida es ancha a
partir de ellos, a partir de sus brazos tendidos
hacia el mundo.

Juan Gelman (aporte de Hugo Toscadaray)

silencio milenario en la quebrada
que solo rompen los eternos pasos
los mismos que la traen a juana
de vender sus quesillos en el mercado
el huayra le echa un mano
se puso a soplar tras su carga
cae la tarde y con ella
la bruma azul como un manto
alla donde se ve ese humito
alla esta la casa de juana
le viene a la boca una copla
la misma que canta a sus changos
llegando se tornará en plegaria
agradeciendo por todo
a la virgencita...

y a la pachamama

Jorge Vazquez

Mi infancia está, es parte de la mujer que soy: un tibio regazo. Una hamaca destino a mi mundo. Aroma a pan tostado al regreso de la escuela. Un silbato en medio del verano anunciando al heladero. "Los Plateros" en el combinado de mi hermana. Una muñeca de trapo con trenzas amarillas. El barquillero de la Plaza Mitre. Dibujar toda una tarde de lluvia. Aprender a escuchar tango en Buenos Aires, de la mano de mis padres. Leer con el velador bajo las sábanas hasta que me descubrieran, y volver a hacerlo la noche siguiente...

María Cristina di Lernia

poema onírico

me entro en la noche enlunada.las sombras desnudan grietas y amores en la piel
dibujados a tajos por la vida.
soy un papiro que señala como no encontrar el vellocino de los argonautas.
en cada hendidura habita un camino
en cada camino habita un beso
¡claro que es mujer la luna!
se deja y no se deja
recostada en el mar,sus piernas de nube
se abren y cierran como sus nalgas
pulsando el parpadeo de mi vigilia.
nada le pido.solo voy y me traga en su oscuridad
de hembra derramada en la luz.
quizas voy naciendo porque vivo estoy
en la mirada alzada.la que se clava
exangüe en el clamor del poeta.
-acaso es otra cosa la vida?
no la oficial,la hipocrita,la diletante!
sino esta que sola se relata en
la magnitud del yo en fuga.
en la estrofa el alma de mi sonrisa
en la letra un colibri que liba
la lagrima de tu capullo estremecido.
y el vino fiel,un eco de la memoria
se sangra llenando a medias la copa
o la estupidez del discurso.
jamas me explicaran exegetas ni amautas
mientras su impotencia creativa
este al servicio vil de la moneda.
a su paso,los juncos inadvertidos flamean
y retornan cuando paso el eunuco.
las flores embriagan la noche,
 los grillos asesinan al silencio.
en un brinco me visto de sapo y
las piernas plateadas de la princesa
                    me abrazan. 

Pablo Tambella


Soy


Soy un animal de puro instinto y de puro raciocinio. Los cinco sentidos de superficie física, vista en vuelo rasante. El grito siempre a punto, el desgarramiento perenne del vientre ante lo que sucede o me sucede. La mano sosteniendo corazones y otros gritos para poder dar y recibir algo que luego guardaré dentro de mi cuerpo. Bien distribuído para sentirlo mejor. Soy la tormenta de ira y ceño adusto sin motivo aparente, venganza fantaseada que reiré a gusto más tarde. Soy la autocrítica y la crítica ensañadas. Tengo una lengua heridora y curadora, amorosa, fatalista. Tengo niños realizados y no realizados llenando mi interior y muchos hermanos de manada. Tengo pereza de siglos y exigencias viejas. Quiero todo y enseguida. Amando puedo hacerme mil pedacitos, amontonados sobre las rodillas del objeto amado. No odio, solamente me despego con dolor, el mismo con el que me apegué y nunca más me importa el ser que me fraccionaba. El humor, verdadero sexto sentido, me ha salvado la vida muchas veces. Porque he estado en el límite de todo, balanceándome. El Espiral y el abismo expresaron sus simpatías por mí y los retribuí. Por eso me río ahora con más frecuencia. Lloro todavía las rabias grandes, la melancolía común, el placer. Siempre el placer es nuevo para mí. No salía de ser niña aún y me hundía en el placer como si hubiera nacido en él. No añoro. No me arrepiento. La vida me permitió tres etapas, ahora entré en la cuarta. No es tan malo ni tan bueno. Aquí estoy, lista para no conceder y aprendiendo a agradecer.

Laura Alcoba Levy

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