domingo, 18 de marzo de 2018

la sociedad sitiada - Zigmunt Bauman



El mundo está agotado Cualquier similitud con la conocida expresión “localidades agotadas” es puramente fortuita, una ficción que la sintaxis insinúa. Cuando uno ve un letrero como ése en la taquilla de un cine o un teatro, sabe inmediatamente que ya no queda espacio disponible, aquí, en este edificio, y esta noche; y que debe cambiar sus planes para la velada. Estas “localidades agotadas” son, sin embargo, sólo un pequeño espacio entre muchos otros. Y en el momento en el que lee el cartel, uno está parado frente a esa misma localidad que está agotada. Hay otros edificios a los que uno puede ir; de hecho, si uno insiste en ingresar en esta “localidad”, es probable que en otro momento le sea posible hacerlo.

Sin embargo, esto no resulta así en un “mundo agotado”, por la simple razón de que il n’y a pas hors du monde… no hay un “afuera”, ni una vía de escape, ni sitio para refugiarse, ni espacio para aislarse y ocultarse. No hay ningún lugar en el que pueda afirmarse con un mínimo de certeza que uno se encuentra chez soi, que es libre de vivir a su manera y perseguir sus propias metas, y de no prestar atención al resto de las cosas, considerándolas irrelevantes. La era que comenzó con la construcción de la Muralla China y la de Adriano, y que terminó con el Muro de Berlín, está definitivamente cerrada. En este espacio planetario global, ya no se puede trazar un límite tras el cual pueda uno sentirse verdadera y absolutamente a salvo. Y esto es definitivo: vale para hoy tanto como para cualquier futuro que podamos imaginarnos. Cada sitio concebible que uno ocupe en un momento dado, o en el que pueda ubicarse en otro, está indefectiblemente dentro del mundo, y destinado a permanecer en su interior para siempre, se entienda por esto último lo que se entienda. En este mundo agotado, somos todos residentes permanentes sin otro sitio a dónde ir.

De ese agotamiento uno puede darse cuenta desde adentro. No se trata simplemente de un nuevo producto del mercado de la información. Uno siente ese agotamiento, lo vive a diario, y se haga lo que se haga, esa experiencia del agotamiento no desaparecerá. Pobres de aquéllos que olviden tenerla en cuenta, o en su jactancia sueñen con que podrán desentenderse de ella. El despertar podría ser devastadoramente cruel, como lo fue el de la mañana de un 11 de septiembre para aquellos neoyorquinos que quizás pensaban que las cosas que ocurrían “allá afuera”, tras sus fronteras vigiladas, no afectaban ni podían afectar su bienestar, que todos los lápices necesarios para trazar el límite entre la buena y la mala suerte podían encontrarse de este lado de la frontera y que muy pronto el escudo antimisiles más tecnológicamente avanzado sellaría completa e infaliblemente esa frontera.

de la sociedad sitiada de Zygmunt Bauman


jueves, 23 de noviembre de 2017

Liliana Díaz Mindurry


Porque al contrario de lewis Caroll (aunque cercanos), Juan Rodriguez y Alicia, en la visión de Liliana Díaz Mindurry conocen y viven para siempre la decepción, la locura, la asfixia. Jorge García Sabal 1994 (contratapa de la primera edición)

Juan Rodriguez es posible que sea
el que no fue (ni antes ni en ningún universo),
el que no es (no hay presente),
el que no será ningún equilibrio en los hilos de la locura,
el negado,
el ausente,
el marchito antes de nacer,
el nacido después de morir,
el punto en los ojos de un perro con fiebre,
el incesante.

Juan Rodriguez no existe porque es menos
que fragmentos,

                es guerra...


                 ---0---


...Alicia está cansada.

                      En la alacena una botella de whisky
                      dice "bébeme".

Bebe Alicia. Alicia bebe, bebe. Lo ha hecho tantas veces.

El whisky agranda o achica, hace posible ser princesa o pulga.

cucaracha o arcángel.

Adentro, el deplorable amor, esa bebida falsa que no
cambia el tamaño de las cosas,

esa bebida inmunda.

Llama el timbre desde el otro lado.

Quien sabe, el paraíso,
Dios, un ángel, una
cosa distinta.

Alicia bebe. Y no importa abreviarse, hacerse
gusanito,

y que la llave esté muy lejos.

Alicia bebe. La eternidad es esa.

Wonderland - Liliana Díaz Mindurry - Ediciones del Dock - 2017 

lunes, 20 de noviembre de 2017

José Emilio Tallarico


pequeño homenaje

Cómo sabes que leo a Emily cuando bosquejo
esta bruma?
Noctámbula, ella tiene poder a ciertas horas.
Te diría que logra inmovilizarme sin esfuerzo.
Busco su precisión entonces,
la vigilo por encima de su hombro descarnado;
donde perciba olor a ropa vieja, a cabello profuso,
me planto, ahí está ella, silenciosa.
Soltería de mujer olvidada,
esa muerte obsesiva que se arroga.
Su espesa iridiscencia, monacal, ingrávida.
Matrona celeste?
Qué vericueto de la intimidad concibe en las mañanas?
130 años temblando entre los vapores
de un jardín, tan lejano?
Ella a nadie recibe. Escribe para que susurre el aire.

Escribe para mí.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Antología Aliberti 2da parte





Flavia Cosma

Sin rastros

El animal salvaje, menos salvaje ahora agacha
su cabeza en mis palmas.
En momentos de vigilia, casi somnoliento, se
olvida de las preocupaciones, cierra los ojos
relajando las orejas puntiagudas.
Su pequeño corazón no se sobresalta más frente
a cualquier crujido de hojas, cayendo bajo el frío
y la lluvia-
pasamos juntos un tiempo, como una eternidad
cuando todas las cosas se pronuncian tras los latidos
del corazón.
Luego, sacudiéndose como frente a una descarga
él sale moviendo su cuerpo, deslizándose a lo largo
y a lo ancho del camino.
El otoño lo atrapa sin dejar rastros.

---0---

Gladis Márquez

el lugar

a orillas del milagro
un manantial de luna
Los brazos del amor,
La piel del amor
Inventé un corazón
para ese día
Tejí  mi noche con flores amarillas
Y en ese lugar
de vidrios rotos en mil  soles
dibujé el viento
con suspiros de placer…
pero, no sé como es allí
pues nunca estuve

---0---

Graciela Licciardi

eros mundus

la muerte
pequeña bestia
silabea su gota
cae como un fruto impuro
viscosa
blanca
sobre el útero invencible
de la vida derramada
nada ha de engendrar

bestia pequeña y santa
como la piel de musgo
que se arrastra en el clítoris
etéreo movimiento de los cuerpos
que yacen inconclusos
momias laxas
sobre algo que fue un lecho
sobre aquélla gota lívida
que escapa
pequeña bestia
que la muerte
nunca va a perdonar

---0---

Graciela maturo

El mar mece sus tumbas

Nadie conoce el juego.
De mi mano
Cae la pura arena, irrecibrable.
Miro la luz que crece en cada grabo
sola, mientras espero
las dádivas del mar.
Para nadie murmura
El casco delicado del caracol. Acaso
Trae el viento a mi frente copos de espuma y sal.
Piedras, picos de pájaros comparten un destino, viajan
hacia el olvido
hacia el mar, como el agua
que tiembla en mis cabello.

El mar mece sus tumbas sin lápidas, ajeno.

                            de Habita entre nosotros 1968

---0---

Héctor Miguel Ángeli

Al pez de una pecera

Por la tríada cuenca de tu vidrio
Girás y girás la obsesión ceñida
Del artificio glauco a que te obligan.

Un gajo de satén en tu ropaje.
Y el agua breve, la hierba desteñida
Y unas piedras que siempre reconocen
El muelle de la casa y la memoria

De ultramarina bóveda incesabte.
Te permiten a´si pez de pecera
Y aún si juegas mal, no te despliegan.

Y sin embargo, mientras todo duerme
Y unas pocas algas trae la luna
Y mueven blandos buques las cortinas,
El mar que no posees se sustenta.

---0---

Jorge Bach

Síndrome otoñal

                             A  mis hijas

Mientras las hojas
entregan al otoño
la sequedad de los tejidos,
abrazo a mis hijas.
Es lo que puedo hacer;
en tanto,
soy tan leve como la hoja.
El tiempo siempre parece lejano,
un latido extraviado
que se vierte en cúmulos de sangre
embebidos de poesía.
No quiero la tristeza
ni la soledad
ni decir lo que debería.
Se acerca el tiempo
de preparar los gajos,
de regalar un rosal
para que algo quede,
            para que no todo se pierda

---0---


Julio Bepré


Cuando aspiro la brisa me confía
Una liviandad y cierto albor
Progresivo en mi entorno.

Pero ahora, en este ahora
la misma realidad parece quieta.

Nada origina algún grácil vaivén.
Inmóvil se halla el color de las flores.

Sólo existe este atisbo
y  a su lado la duda.

Me inquiero. Aguardo atento
pero nada sucede y el espacio
se vuelve cada vez más yerto.

Estoy siempre en un mismo lugar
y  la hora se vive con pesado silencio.

Sin piedad me arrincona la espera.
Ésta de hoy, no de ayer
ni la que viene.

---0---

Ligia Anadón

Statu quo

     Barrio La Recoleta

La piragua sin amarras
te contiene (falta un ala).
Las caderas se rozan,
los horarios son gemelos,
cada tiempo, cada mirada corre,
nos abruman las horas
(estamos prescindibles)
y como un pre - destino
todo está adentro.
La lágrima cotidiana
concurre a la fonda, aunque enfrente
está la casa del silencio
y la sonrisa (faro de la noche)
deambula.

---0---

Liliana Corredera

urbano

el hombre duerme sensato
se estremece
en edificios angulares
cumple sus años
empuja paredes
ríe frente a ventanas de aluminio
y sufre mangas sin calzar

torres imbarcables
despachan alientos de menta
saludos
adioses
sin abrigo
el techo blanco
derrumba oxígeno gris
esperas de vino largo
cuando la carne sola duele
ahí
donde el concreto hace ciudad

sábado, 11 de noviembre de 2017

Antología Aliberti - Parte 1

a mis poetas

-están mudando a sombras
/las presencias compañeras-
escapan de su piel/
un viento implacable
desconcierta sus voces

si no puedo ver el rostro del poema
¿cómo sabré quien soy

qué extraños sofocarán mi amnesia

dónde habrá un acuerdo

una divergencia

un virtual asombro

que tome mi mano
en el transcurso?,,,

                              alicia b. pastore


Beatriz

nacida de cuentos orientales
o del cine,
de versos de Gonzalez Tuñón,
ella tiene fantasmas de jazz
en las caderas,
en los ojos
y en el pelo

pequeñas hadas habitan sus zapatos,
sus manos

ella ella sueños de adolescentes
y poetas,
fantasías de los derrotados
por la ciudad grotesca

rubia bruja del sur
que baila/baila
contra el cielo estrellado

                              Amadeo Gravino



                     a Jorge Ariel Madrazo, in memoriam

desde mi arena natural decaigo
como ausente del nido o del verde
pájara o paisaje o artilugio
para devenir
polvo que late
desde mi arena natural
espero el suceso
el rostro que reúna
a la hembra con su especie
desde mi arena natural
raspo
(me oscurece este mar
su hondura)
desde mi arena natural me esparzo
caracol o casa que me llevo
a cuestas
(playa en donde el agua
se vuelve a correr hacia su oceáno)

                              Ana Guillot



Saludo al amigo

                           a Roberto Santoro

No es que a veces me olvide,
sólo que hoy te recuerdo más,
y no resisto a la vieja costumbre de saludarte,
decirte por ejemplo que aquí estoy,
con mis castillos de arena intactos
(cuando sopla fuerte el viento, uno sopla más);
con dos hijos que crecen como el abrazo
que guardo en el pecho desde aquel día;
que nadie ha borrado tu nombre
y sigue habiendo una silla
con las formas de tu cuerpo y tu calor.
(Si alguien dijera que no estás, ¿qué probaría?
Puede más tu voz, como una herida que no tiene cura).
Para cuando vuelvas
-en un cuarto del mundo-
se encenderá otra vez la mesa
para reanudar la charla que dejamos inconclusa:
ambos nos miraremos desde ventanas abiertas.
No falta mucho: al irte, no dijiste adiós.

                                   Antonio Aliberti

                                        de Mareas del tiempo, 1981)



Pájaro de las plumas celestes

Quiero amar a un pájaro
con plumas celestes,
un pájaro que cante y me sonría
como una flor recién abierta,
que dibuje arabescos en el aire
y cante solitario en la noche.
un pájaro que me de los buenos días
cuando mis ojos inauguren la mañana,
que observe el color de mis pensamientos,
salte hacia mi mano
y coma de mi amor invisible.
Quiero ser ese pájaro anonimo
que devele mi verdad
y me conceda el
único deseo
que nunca he manifestado.
Que despliegue sus alas
hacia el infinito
y vuele conmigo
hasta mis profundidades
y desde allí emerja intacto y nuevo.
El pájaro de fuego y aire
que me sobrevuela mientras canto,
que arrulle mis silencios
en un sinfín de silbos
y me devuelva al origen.
Pájaro que tiembla,
mujer que espera.

Un dios en miniatura
a quien rezarle a diario.

                              Beatriz Minichillo



La presa

Todavía no sabe. No conoce la desembocadura
                                                              del llanto
ni el sueño opacado en el espejo.
                                                     Entonces baila
con su pollera apretada
                                  marcándole la bombachita.
Baila con la gracia quebrada de la gacela
                                                             que huye.
Ella también, en el último ademán del miedo,
elevará la cabeza abriendo su mirada
                       para después caer, blandamente,
en el dolor.

                                   Beatriz Schaefer Peña



Beneplácito expuesto

Este amor a la vida
desprovista de dioses e ideales
me lleva a homenajear cuanto las convenciones
fijaran reprobable,
y, aunque la fortuna,
nunca me arrinconó en el brete
de las decisiones,
si, para guarecerla, la opción hubiera sido
la traición o la fuga, la falsificación o el timo
sin  duda elegiría
el camino reprobable
y haberla así, salvado.

Que el cielo se encuentre enaltecido
por mártires y héroes no me incumbe,
si ascendieron hasta su magna cumbre
en la sacra defensa
de dioses o ideales, los advierto esparcidos
desde siempre en la afligida pelambre de la Tierrra,
tan abundantes como el ábaco en sus cuentas
(y, desde ya, facilmente intercambiables),
la vida, en cambio, una y única,
nadie te la devuelve.
                 
                                         Carlos Berbeglia




Campos carmesíes

Aquellas lágrimas escondidas
adentro de una hija de álamo
son palabras peregrinas
que esparcen el almizcle de las diamelas.
Ahora mi cuerpo es viento respirando pena.
Toda mi gente yace sobre las sombras de las aguas.
Oh, Dios. Dios del Silencio.
Danos en el alba
el resurgir de nuestros campos carmesíes

                                          Cristina Pizarro



Poema

Dicen
"el pasado está grabado en piedra".
Dicen
pero no es así.
Es humo
en un cuarto cerrado.
Ondula,
ciega,
deja ver.
Cambian su forma,
el paso del tiempo y los anhelos.
El pasado
no se borra,
se queda a merodear,
intenso,
como el olor a madera que se quema.

                                   Daniel Castelao


Los ojos del Pez

                                       a Soledad Agüero

Niño absorto,
con los ojos del Pez apresado entre tus brazos,
un instante tu espíritu se ausenta
para bajar al mundo de los muertos sin ser visto.
Como en un flash entonces nos atisbas
atrapados en variadas cavernas.
Y tus tristes ojos deslumbrantes
nuevamente navegan seda adentro.


                                    Elena S. Eyheremendy

sábado, 4 de noviembre de 2017

Ana Arzoumanian



Nos enhebran 
a la aguja que desteje, 
y el verdugo de las penumbras
mece la ilusión
en manos colgadas de maderos

-----

Es una larga noche el día.
En mi espalda que se destapa
espera vacío el sol
para sacudir las sábanas.
Todo mi cuerpo en la cama
da vueltas al revés, 
hace piruetas
desafiando el hastío.
Cuando mis horas se deshacen
sangra la traición,
arden mis palabras

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Este es mi abandono:
contrato de labor continua
y lanzas que me guían sin timón
hacia los arrecifes de bordes desmentidos
a la hora de la cena, hacia la palidez
que me atraviesa, hacia mi atril
en las fosas cotidianas.

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Soy la que no te aquieta,
la que ofrece su escacez de agua, 
mi vacío de cruz desposeída.

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Ella vende medias viejas
en una tienda sombría
de un barrio cualquiera.
Algo de mí acompaña
la fuerza de sus brazos
abriendo las persianas.
Y todas las noches
cuando ávida cierra
la caja medio vacía,
vecinas gordas y feas me señalan
en la vidriera que nada muestra.
Hoy estamos tan cerca.
Ella, como yo,
quiere ser otra y no esperar.
En ese almacén
al final de la última calle, 
sólo quiere la quietud ignorante
de las horas igualadas.
Y yo aquí,
pegoteada en el encierro
quiero no saber de esta idea,
que ya no duela la luz.
Ay que sea dulce la oscuridad. 

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Hay un olor a fugas en la sombra,
será que me brotan trinos
que tu voz pronuncia.

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...Oh, abuela, 
en este caminode piedras
te han sepultado tantas veces.
Quise desenterrarte y llené tus tumbas
con las máscaras del esplendor disipado

de Debajo de la piedra, Nuevohacer, Grupo Editor Latinoamericano, 1998

viernes, 3 de noviembre de 2017

Ricardo Ruiz


¿al sol
en el verano
vamos
en el invierno
al sereno
no nos dan paz
los huesos
de día
y de noche
por andar
en lo que nos va
y se viene?

---
hurga
con el roto hueso
de su hermano
su carne y su carne
de su nombre separa
se para y grita
lo que todos entienden
y no

¿entienden
la bestia de sombras
que lo quiebra?
en la tarde de sol
la noche insepulta?
en el hueco de las voces
su amenaza?

así
en su carne
sepulta
el hueso roto
de su hermano
la amenaza
en el hueco de las voces
que lo quiebra
hurga la noche
contra la bestia de sombras
y grita

---
dice
sola
y cae
del banco
de la cocina
al cielo
no posible
soñado
reluciente
de lamer sus pies
sustitutos
pastillas
como truenos
de paz
en esta guerra
y nota
de dolor
un gesto
pinta
sobre la boca

¿lo que no fue
no pudo ser?
¿elegías
romances?
¿otras prendas de amor?

así 
en un gesto
cae
de la paz
de la cocina
al trueno
del dolor
no soñado
sustituto
de amor
en esta guerra
de lo que no fue
otro cielo
pinta
sobre la boca
rota dice
y sola

de huesos de otros vientos - ediciones en danza 2015

martes, 10 de octubre de 2017

Daniel Rafalovich

niño, de pie

Niño, de pie,
sobre la escalera de caracol,
asomado al ventanuco.
Cae el sol;
las chapas incandescentes de los techos
comienzan a contraerse.
Decenas de gatos
de miradas esquivas
y pelajes raleados
acuden al rito.
La sombra del tanque de agua
semeja una almena derribada.
El niño, múltiple la mirada
y la fascinación,
en puntas de pie,
atisba el hueco de la escalera.
Luego, otra vez, la pequeña ventana.
Y declara abolidas
la insoluble realidad
y sus rutinarias perspectivas.

Estoy perdidamente enamorado de esta brisa
que me abraza, me refresca,
  me dilata.
¿Habrá a esta hora
alguien pescando en el oscuro río,
    a solas con su red
      y su farol?
¿Habrá alguien poblando los vagones
        trepado a una botella,
        vegetando, se diría,
        en su vigilia?
¿Qué soñarán, en esta hora,
         los monjes en sus celdas?
El último de ellos
¿irá por los corredores
     apagando las luces

           lentamente?.

viernes, 6 de octubre de 2017

Leonel Pirosanto


Sí, lo rocé con el hombro, se cayó y se hizo mierda -dije-; mamá miraba desde el sillón, entreverada en la oscuridad del comedor, sonriendo con los ojos.
-Ahora, a bancarse los siete años de mala suerte- y eché una risa de dos sílabas torciendo la boca a lo Sean Connery, suponiendo que ella me veía hermoso. Le pregunté si quería un té y asintió con la cabeza.
En la cocina, esperando la rebelión del agua sobre el fuego, un temor desconocido, un vértigo infantil, una duda agobiante... todo se mezcló en una detención brusca de mí mismo. Como si despertara, encaré hacia el comedor con la taza dibujando dos líneas de vapor en la penumbra; iba resuelto a inclinarme sobre el sillón de mimbre y a guardarme ese olorperfume irrepetible y abrazarla y apretarla demasiado -yo lo hacía como un juego- hasta que soltara una carcajadita adolorida-, a sentir el roce del pelo un poco crespo en mi cara y si me animaba, hasta le iba a decir "te quiero" arrastrando las letras como un bobo.

Pero ya no estaba. Se había ido con el vapor del té.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Cristina Domenech


Sintaxis del nudo


Hay nudos entre hombres
que desatan sus manos
y nadan como vulgar alimento
de los peces.
Allí no cantan sirenas
y el mundo es un gesto siniestro
de agua y hombre
de vuelos indecentes que no dicen adiós

Son manos tendidas para otros
que no recuperaran el cuerpo
de la ausencia

hombres manos tientos

nudos llanos
o tal vez el haz de guía que no basta
para llevarnos a la gloria
de nadar contra la corriente
o sudar para decir pan
como benévolo alimento

Nadie nada
entre la vida o la muerte
como anudamiento flaco y débil
que consuela

Tal vez haya un modo nuevo:
algún día
un hermano con la piel abierta
donde decencia signifique
menos cuerpos que esperen el día

del juicio final

jueves, 7 de septiembre de 2017

Mario Bellatin



Pero regresando a los peces, en cierto momento también me aburrí de te­ner exclusivamente Gupis y Carpas Doradas. Creo que se trata de una de­formación de mi personalidad: me canso muy pronto de las cosas que me atraen. Lo peor es que después no sé qué hacer con ellas. Al principio fue­ron los Gupis, que en determinado momento me parecieron demasiado insignificantes para los majestuosos acuarios que tenía en mente formar. Sin ninguna clase de remordimiento dejé gradualmente de alimentarlos. Tenía la esperanza de que se fueran comiendo unos a otros. Los que que­daron vivos los arrojé al escusado, de la misma forma como lo hice con aquella madre muerta. Así fue como tuve los acuarios libres para recibir peces de crianza más difícil. Los Goldfish fueron los primeros en los que pensé. Sin embargo recordé que eran demasiado lerdos, casi estúpidos. Yo quería algo colorido pero que también tuviera vida, para así pasarme los momentos en los que no había clientas observando cómo los peces se per­seguían unos a otros, o se escondían entre las plantas acuáticas que había sembrado sobre las piedras del fondo.


de salón de belleza (Obra reunida) Mario Bellatin