sábado, 21 de julio de 2018

un caos lúcido en Ragna Röck 01

Programa 01: Emma de Cartosio nota por María Amelia Diaz poemas de Laura Ponce y Laura Garcia del Castaño fragmento del capìtulo: Violencia y lenguaje del libro Palabra amenazada de Ivonne Bordelois La voz de Lydia Alfonso en extranjera a la intemperie y mordisquito

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un caos lucido en ragna röck - 00

programa 00 El plan divino de Juan García Gayo, en su voz lamento por las tetas de Angelina Jolie de Sergio Felipe Mattano en su voz Dios no funciona nota de Susana Cattaneo referida a la obra de Susana Thennon poemas de Alejandro Mendez Casariego, de vaya a saber cuando, la mano de Edgar Bailey, Hector Miguel Angeli, Olga Orozco, Ana Emulia Lahitte, Lidia Morales

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jueves, 28 de junio de 2018

cóndor - María Casiraghi




IV

Esta mañana, somos iguales
extranjeros
y americanos
esperamos la misma revelación
hombres y mujeres
buscando en la atmósfera
energías que ya no da la tierra.

Todos juntos, promiscuos
y apunados
por desear la altura del tiempo.

Niños que aún creen
que saltando llegarán a Dios.

VII

Vienes a pedirles paz

peregrino entre peregrinos.

Todos traemos un olor
lo arrojamos al vacío
y rogamos a ellos
que se acerquen
a olfatear nuestra cáscara
indolente.

Que ronden y ronden
estos despojos
que nos saquen la piel
y la destrocen
de una vez

que nos dejen también
sobrevolar
nuestra muerte

que se lleven las ampollas
y nos dejen los caminos.

            La memoria es carroña
            si el que vuela más alto es un buitre.



XVI


Prueba a fijar tus ojos
en los suyos

los cóndores pactaron
un armisticio con el tiempo
en cambio, tú
que siempre estás en guerra
            cierras y abres
            abres y cierras
            tus párpados

señal que temes haber muerto.

Parte 2

VII

Lo primero que se llevan
es el corazón
abren al muerto
y le quitan lo que siente
para que olvide
para olvidar también.

Después
lentamente
durante horas
comen
sólo las entrañas
dejando el resto
para el hambre de otro animal.

Carroña y carroñero
una misma sustancia
nutriendo con ausencia
sus corazones mordidos.

En próximas vidas
en futuros paraísos
se extinguirán los cuerpos,
y la única materia
la única carne
será el viento.

Parte 3


I

Hubo un plan

meticuloso
preciso

para amputarle el cielo
a los cóndores jóvenes

escuadrones de la muerte
a toda velocidad
cortajeaban el aire
con tijeras del tamaño de un cuerpo

pájaros dormidos que iban a morir al mar
y en los Andes
ni se enteraban
los viejos pájaros
que sus crías eran blancos de muerte en las ciudades
y que el mar se tragaba sus cadáveres vivos

seguían su rutina
anidando rocas perennes
daban de comer a sus bocas codiciosas
el fuego que duerme en los volcanes.

En los países del sur
en sus páramos celestes
bandadas de cóndores
furiosos como rayos
llegaban tarde
desapareciendo
a los ojos de los dioses.


Crías del sol
traicionadas
por la sombra del sol.


EPÍLOGO DEL CLARIVIDENTE


¿Te diste cuenta
que la estela que deja el cóndor
es más blanca
que la de los aviones
perseguidos por la distancia?

¿Te diste cuenta
que siempre detrás tuyo
va tu viaje?

Triste de verte sobre el suelo
aferrado a tus opciones
pendiente de los límites físicos
como si no pudieras
igual que el cosmos
reventar
y nacer roca
para que te rocen aunque sea, te rocen sus alas
y en el roce aprendas a perder tu cuerpo
y goces del ritmo
y gimas
cuando entres a ese instante.

¿Te das cuenta?

Era sólo cuestión de enamorarte
                      antes del estallido

            y después cerrar los ojos.

de Cóndor, Alción Editora

miércoles, 27 de junio de 2018

Mariana Finochietto


2

En el piso de la casa de mi infancia
de prolijo establo de madera,
un agujero,
hijo de un nudo de algún tronco, 
regía el universo.

Allá abajo, 
donde el hueco se expandía,
contaban de un sótano en la tierra
que fue cava 
alguna vez.

Yo lo dudaba.
Con la sabiduría de los chicos
presumía
que en lo subterráneo, 
lejos de las luces que mamá
encendía, 
latía, agazapada, 
una oscuridad
más honda que las otras.

Cada noche
de muchas noches de mi infancia,
las pasé tirando papelitos
a ese enorme vacío
que fue mi primera idea de la soledad. 

31

Te vas,
gastándote de a poco, 
borrándote despacio
como en esas polaroid
de los setenta
donde nos buscamos, 
inútilmente, 
perdidos
en la bruma.
Te vas porque es ley
que debas irte.
Te voy a extrañar,
como han extrañado
todos los hijos de la tierra.

Ojalá
que donde vayas
haya un río
donde naden
bagres
que se entreguen al anzuelo,
pero por dios,
que no te resulte
demasiado fácil.

que vas a tener
caballos cerca,
siempre con la montura lista
para cuando yo te encuentre. 

48

¿Dónde el azul
que ardía en mi memoria
con la furia 
del linar al sol?

¿Dónde el río
que guiaba
la crudeza
de la hoja en blanco?

¿Dónde el lenguaje
pronunció significados?

Lo que nombro me evade.
Huye de mí
como los pájaros de la tormenta.

Todas las palabras dicen
la muerte de mi padre. 

de La hija del pescador - Editorial La Magdalena, 2016

martes, 26 de junio de 2018

Raquel Jaduszliwer


Lo extraviado

Hubo un tiempo, se ha ido
se ha ido interminable con los grandes sucesos
se dice que ninguna cosa conservó su sombra
que ningún ser vivo conservó su razón
que mucho se ha extraviado
temporada de los grandes sucesos
arremetida de las divinidades

LA PROPULSIÓN VIVIENTE
el empeño que come su pan duro
¿ no es bastante castigo ese techo vedado
ese cielo que brilla como una promesa?

Ah, ese bloqueo del paso, del pasaje
¿cómo es que nos han hecho asi, tan desolados
tan de barro paciente y de imposible?

Mala época

Acá se cruza un pájaro con las alas desiertas
hace mucho que ha roto con el ángel
ya nada lo emparenta a ese exiliado leve
que camina de incógnito entre las multitudes
acá se cruza un pájaro con las alas desiertas
con su pico profundo
con su plumaje sordo y con sus ciencias ocultas
acá se cruza un pájaro terrible

FINALES DEL INVIERNO
se irán las grandes lluvias
sobre todas las cosas vuelven los días benévolos
llegan con ellos los resucitados
regresan por sus huérfanos

preguntan: ¿quién dijo que estos hielos son eternos?
¿quién dijo que estos hielos son la cima de Dios?

Los adioses

Ese vaivén de ramas
ir y venir de la memoria al viento
ese vaivén de ramas lleva y trae
así es como se suelta en el rumor
el pensamiento


de Las razones del tiempo - editorial lisboa - 2018




lunes, 25 de junio de 2018

Laura Ponce



Soy una mujer básicamente solitaria.
Soy una persona, sobre una base de mujer básicamente solitaria.
Lo solitario me habita, me construye. Y me propulsa.
Me propulsa hacia un afuera, que busco (por momentos), que
habito (por momentos) y del cual me retiro (a veces, de manera intempestiva) para volver a ese núcleo que me habita y me construye.
Así, soy. Así, puedo ser.
En el sentido de límite y de condición de posibilidad de ser..
(Mis amores, sabrán entenderlo. Y mensurarlo.)

"¿Y no será acaso/ mi corazón
un animal de intermitencias
-ese animal que corre detrás del pulso de las cosas- ?
Hay algo del orden de la pena
que agazapado siempre salta:

¡Ah, saber y ser feliz, sabiendo!"

                         
                                          -----0------


Vivimos en el borde de las cosas
buscando vanamente no tocar el dolor.
Creemos que los bordes son una suerte
de corredor/ esa distancia que nos pone a salvo.
Lo cierto es que en los bordes reside la tiranía de las cosas;
ellas ejercen allí y sólo desde allí
su pequeño y mortífero poder: obligarnos a seguir su forma.

Corro a la par de la sombra de un pájaro que vuela:
no soy pájaro, no soy sombra/ apenas
me sujeto a la plumosa decisión de un ala,
al vaivén azaroso de la luz.

¡Si yo pudiera entrar en el temido corazón de la cosas!


la mujer omnímoda

Soy la mujer omnímoda el ojo del desastre
la que crea la noche porque su párpado cerrado
la que sutura el tiempo y lo desgarra.
Devenida longeva y eternamente joven
así concebía yo el paso de los años/ casi
como un collar que va sumando vueltas
como si fuera el tiempo no más que una distancia.
No calculé empero, algunos desvaríos que el tiempo
trae aparejados. Y advierto ahora
que acallé sus voces ignoré sus presagios
los reduje a episodios.

Habría bastado con decretar la inexistencia de las cosas.

Cerrar los ojos. Ejecutar la noche.


La mujer omnímoda - ediciones la mariposa y la iguana- 2018


sábado, 19 de mayo de 2018

Daniel Gonzalez Rebolledo - Poemas orilleros




Así puro él
en otoño
deshojándose
en esa hoja blanca
que nunca completa
en busca del abrigo
cuerpo a cuerpo
el reencuentro
atento
al filo de una sombra
a tanto cielo
de una noche
muchas veces otra.
y al fin así
como salvaje animal
vaga en la tormenta
de los sentidos
y transido
transitado
el oscuro vuelo del olvido
de todo aquello que no se cobijó
como destino de la infancia
en otro cuerpo.
Así sueña
así erra
el duende de Chacra Finisterre
de voz costera cuando atardece
mientras que el río llama
a la gran quema de cielos rojos.
Así recrea a su sombra

Fragmento del poema que Orlando Valdez, poeta santafesino, le dedica a poemas orilleros, ediciones minibus 2017

Daniel Gonzalez Rebolledo, según él mismo, es un tipo que escribe y vive en el campo, elegida soledad. Escribe porque no encuentra otro modo de ser libre, ser de la orilla y orillar la palabra. Ha publicado en Poesía, Cuento, Novela y Texto Dramático, con algunos premios importantes en los distintos géneros literarios y ha sido incluido en antologías de cuento y poesía en diversas ediciones. Profesor de Matemática y Cosmografía y Magister en Metodología de la Investigación de la Universidad Nacional de Entre Ríos.

A pesar de su título y por él, “poemas orilleros”, es un libro que deja  todo el tiempo las orillas para internarse en lo profundo, Cuando Daniel habla de la orilla, lo hace desde dos lugares, uno es que como ya lo define él mismo, escribe porque no encuentra otro modo de ser libre, ser de la orilla y orillar la palabra. Pero también él habla todo el tiempo de la orilla que se abisma.

Desde la dedicatoria Daniel me advierte que el libro es un viaje. dice: por ese viaje hacia la luz. Y desde allí,  lo sentí integrado  al  poemario y al lector. no se puede estar leyendo a Daniel sin ver que él está ahí con uno y con lo que dice, con el compromiso con su palabra.  Resalto mucho este aspecto, Quiero decir que él está conciente de  ese viaje hacia la luz, y viaja por el amor.

Lo hace desde un lenguaje, donde no se guarda nada,  comparte verdaderamente lo que  escribe. Hay desnudez y hay coraje para decirlo.Y ésto también lo destaco. No es frecuente.  Lo hace  en un  vuelo suave, amable, así va nombrando infinita cantidad de partidas, cada partida deriva en una nueva soledad y genera paralelamente un nuevo encuentro, el proceso que lo lleva, me recuerda al de la muerte y regeneración de las células, en una integración también con lo vital: el Ave Fénix-

Así comienza este viaje, dice "Dejarme ir por ese dulce manto de la lluvia", la lluvia, en esa suerte de dicotomía, unas veces despeja el camino y otras se presenta como depredadora, dice: lo intuíste, sin embargo, y lo sentí/en un fugaz destello de entretiempos/en que la lluvia nos unió/para el olvido.

La palabra es suave, sin altisonancias, las vivencias en cambio son fuertes, Acepta los extremos del amor, las contradicciones del amor, los fueros y desafueros. cito: Estulticia es mi vida por quererte, dice y continúa: un vínculo de astillas en el viento/contra el sereno estanque del durmiente."

Como hombre de las tierras de Juanele, no podía faltar el vínculo
“Iluminando el misterio del paisaje/ como Li Po bebiéndose la luna/te busco en el parque y en el agua/que fluye tan eterna en tu mensaje”.
"esa abismada orilla de Juanele (...) que no es muerte si no tránsito/tránsito cíclico y puro del recuerdo ¿hasta dónde se abisma la orilla, Juan? (...) dónde se abisma la orilla, Juan/ que no nos larga"

El viaje se ilumina con el regreso de los padres, y acá podemos ver la diferencia del amor materno al del amor paterno, no sólo de los padres hacia él, si no también de él hacia los padres, lo que le dan sus padres, lo que él ve que le dan sus padres. La madre es la que canta, el padre, el que guarda silencio. Y él recuerda a los dos en esa entrega del amor:
"al filo de la siesta reverberan los sueños/ y entonces madre canta la nana del regreso (...) la nana es un asomo de vuelos contra vientos"
"Cuando veas a tu padre/ensimismado/Atardecido bronce/viendo lejos. Te está pensando"

la presencia del río atraviesa su existencia toda: "soy tan solo/una fuga del tiempo/en correntada"
"no podré irme jamás de este paisaje/soy este manso río que desgaja/las nubes hacia el cielo/más perfecto del agua"

Y en todo este sortilegio, el vino es un manto, una piedad: "Pepe no olvidés la damajuana (...) el vino hace menos negras/ las noches de esta milonga"

Reconoce la soledad, y además habla de una soledad elegida, pero en esa integración de la que les hablaba al principio,  intuye presencias, no fantasmales, si no de monstruos que han dejado su marca en el paisaje y en él:  "sólo estoy, más no estoy sólo, la negra vaca del aire/me lame con rumor suave los endriagos de la carne/y las voces de cristal/suben del agua en su cauce. ¿Qué antiguos hombres dejaron/su huella en los arenales?/qué remotas ninfas cantan? / cuáles duendes por los sauces?. Lo que lo lleva a preguntarse: ¿cuantos hombres he sido? ¿quién me trajo el saber/el amor/el hermano?

DESTELLOS

Dejarme ir
por ese dulce manto de la lluvia
hasta donde se entraba en tu mirada.
Tornasol, tornavida, tornaespera
de mujer
que se detiene y mira
con el fragor antiguo de la especie.

En un recorte único del gesto
tu cara se levanta y se moja
con gravidez de fuente
y escurres graciosamente
el pelo con la mano…

Abres paraguas, sonrisa y el camino.
Sin asomo de duda
tus tacos por mojados adoquines
se van yendo.

Lo intuiste, sin embargo, y lo sentí
en un fugaz destello de entretiempos
en que la lluvia nos unió
para el olvido.

ANDO POBRE, PEPE.

Ando pobre, Pepe.
Traé tabaco del fuerte
que pitando uno se olvida
las penas que el viento vuelve.

Si no venís estos días
acordate que la costa
el rancho y la isla entera
se mezquinan esta sombra,
que de tanto andar galguiando
soy de huesos una bolsa.

Pepe, no olvidés la damajuana
que es muy dueña de estar sola.
En cuanto puedas venirte
llenate una o dos, panzonas.
El vino hace menos negras
las noches de esta milonga.

Te espera el pique de siempre
y mi amistad de canoa.

POR LA ORILLA DE LA TARDE

El sol y el viento me encelan
de primavera la sangre.
El tiempo de este silencio
desde mis ojos se cae
y me voy, arena, arena,
por la orilla de la tarde.

Solo estoy, más no estoy solo,
la negra vaca del aire
me lame con rumor suave
los endriagos de la carne
y las voces de cristal
suben del agua en su cauce.

¿Qué antiguos hombres dejaron
su huella en los arenales?
¿Qué remotas ninfas cantan?
¿Cuáles duendes por los sauces?
¿Qué alegoría tremenda se esconde en los pajonales
para que violente el tero con sus gritos al desgaire?

Entre mundos paralelos
flota mi espíritu de ave.
¿Qué ronco furor de sueños
estremece las edades
mientras el viento y el sol
se encabritan en mi sangre?

de Poemas orilleros, ediciones Minibus 2017


domingo, 29 de abril de 2018

Lidia Morales



debajo de ese charco de agua usada
de la caja aplastada de Cepita     
la botella de plástico vencida quebrada en dos
los papeles de diario revolcando sus noticias de mugre
por la mugre circundante
el asfalto y los zapatos
debajo de todo eso
está la tierra
enfermedad de la especie es haber olvidado
                                                        aquel abrazo fácil que nos regocijaba en ella

miren al voraz que arrasa con los árboles
                                                        y siembra más para volver a cortarlos  ay

y que de a poco va dejando ronchas de cemento y desolación
                      en la cara serena de la Pacha
densas úlceras donde le arde el sol



y ella quietita flotando con sus ojos de agua y su velo de novia


--0--


pero aquí estamos como en campamento de refugiados
lejos de la tierra entera
y hay que traerla de a pedazos en bolsas pesadísimas

abrirlas es desatar el aliento primordial
un olor húmedo y hondo que estremece
como un susurro en el oído      un secreto confuso

luego
ella   que no tiene forma
de a cucharadas breves va entrando en las macetas
y es todas las formas
tierra prismática   cilíndrica   y de cono truncado
semiesferas audaces donde van a abrir las estampillas
cuando llegue el calor

jugando   hace gallitos tortugas y budines en los moldes de la nena
más práctica     y lejos 
se levanta en pared de rancho   marca sendas   endurece en ladrillo
ondula en estatuilla   se ahueca en vasija y así
hasta el infinito

--0--



en el aire detenido de la mesa
otra rosa expande su ser misterioso y honesto 
desnudando sin pudor todas las gamas

un color pálido en los pétalos abiertos lame lento el aire que la rodea
y hacia adentro
se condensa más y más en una luz velada  como de iglesia  o burdel
antes de hacerse profundo rojo en los pliegues
terciopelo amontonado

ahí empieza a sentirse el misterio
al menos el roce de un misterio que no termina de revelar sus claves
es el susurro del color   que hace bordes de labio entreabierto
y dice boca lengua besos temblor

de espacios, premio edición 2010 "José Rafael López Rosas" de la Asociación Santafesina de Escritores