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sábado, 31 de octubre de 2015

Alejandro Nicotra


El insomne

Sombra o brisa, ha pasado por su cielo
alta, sobre mis parpados
de piedra:
-Pero no te soñé,
pie en el desierto de la noche en blanco…
Y ahora el cerco de la luz se ha cerrado;
no hay verdad más allá de su ojo
fijo, inmortal.

de Desnuda musa (1988)

Imagen

Alguien
de pies descalzos sobre el amor y la muerte
Alguien que se pierde en los espejos
y abre las puertas cegadas en los años
La voz que aguarda tu oído
los ojos dispersos por la noche y las ciudades
La recordada la desconocida
la mano siempre más allá de su adiós
Alguien por una calle
donde los árboles fuesen invernales
A orillas del fuego
a orillas de tu corazón que no duerme
Ya sin nombre
como un ángel tras la visión de la locura
O la última soledad o la esperanza
Alejandro Nicotra

Caen las naranjas amargas

Caen las naranjas amargas
de estas calles.
Algunas ruedan
hasta el borde del ojo
distraído;
pequeños soles,
otras estallan en su muerte
súbita.
Caen muy lejos de tus manos.
Y el delgado viento del sur
pasa sobre las calles amarillas,
como quien viene
de días futuros o desde hielos.

Opinión sobre poetas

Creía en ellos,
con alguna vacilación, es cierto,
como se cree en quienes han hablado con Dios, en
sus montañas,
y cuentan el secreto;
pero un día
renegué de sus bocas de pájaros mentirosos;
después, los vi morir
en una choza sucia,
ciegos y balbuceando palabras sin sentido.
Entonces volví a creer en ellos,
en su sabiduría rota,
ya sin ninguna sospecha de cordura.


domingo, 16 de marzo de 2008

Pablo Neruda



poema V - veinte poemas de amor y una canción desesperada

Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus blancas manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito

para tus blancas manos, suaves como las uvas.