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domingo, 31 de mayo de 2009

"la buena fé" (Fragmentos) André Comté Sponville

...Que es la buena fe? es un hecho psicológico y una virtud moral. Como hecho es la conformidad de los actos y de las palabras con la vida interior, o de esta consigo misma. Como virtud, es el amor o el respeto de la verdad(...)el hombre de buena fé dice lo que cree, aun cuando se equivoca, de la misma manera que cree lo que dice...

...Es lo que se llama también sinceridad (o la veracidad, o la franqueza) y lo contrario a la mentira, a la hipocresía, a la duplicidad...

...Es una sinceridad a la vez transitiva y reflexiva. Regula, o debería regular, nuestras relaciones con el otro, así como con nosotros mismos...

...Es también. o debería serlo, la virtud por excelencia de los intelectuales en general y de los filósofos en particular. El pensamiento no es sólo un oficio, ni un divertimento. Es una exigencia humana. El hombre es un animal que puede mentir y que miente. Esto es lo que hace que la buena fe sea lógicamente posible y moralmente necesaria...

...Pero no es la única virtud que tiene valor, también tiene valor la compasión, el amor. Asestar la verdad a quien no la ha pedido, a quien no puede soportarla, a quien la verdad desgarra o abruma, no es tener buena fé: es ser brutal, es ser insensible, es ser violento. Por lo tanto, hay que decir la verdad, o la mayor cantidad de verdad posible, pero no siempre, no a cualquiera, no a cualquier precio, no de cualquier manera.

domingo, 24 de mayo de 2009

"La sencillez" Párrafo de "Pequeño tratado de las grandes virtudes" de Andrè Comte-Sponville

A la humildad a veces le falta sencillez debido al desdoblamiento que supone. Juzgarse es tomarse demasiado en serio. El hombre sencillo no se plantea tantos problemas con respecto a sí mismo. ¿Quizá sea porque se acepta tal y como es? Sería demasiado decir. No se acepta ni se rechaza. No se interroga, no se contempla, no se considera. No se alaba ni se desprecia. Es lo que es, sencillamente, sin rodeos, sin afectación, o más bien -ya que ser le parece una palabra demasiado importante para una existencia tan pequeña- hace lo que hace, como cada uno de nosotros, pero no le parece que sea tema de conversación, de comentarios, ni siquiera de reflexión. Es como los pájaros del bosque, ligeros y siempre silenciosos incluso cuando cantan, incluso cuando se posan. Lo real es suficiente para lo real en sí mismo. De ese modo, el hombre sencillo es un individuo real reducido a su más simple expresión. ¿Es el canto su más simple expresión?. En ocasiones es el canto; la mayoría de las veces, el silencio; y siempre la vida. El hombre sencillo vive del mismo modo que respira, sin más esfuerzos ni gloria, sin más consecuencias ni oprobio. La sencillez no es una virtud que se añada a la existencia. Es la propia existencia en la medida en que nada se añade a ella. Por consiguiente es la más ligera de las virtudes, la más transparente y la más escasa. Es lo contrario de la literatura: es la vida sin frases y sin mentiras, sin exageración, sin grandilocuencia. Es la vida insignificante y es la verdadera vida. La sencillez es lo contrario de la duplicidad, de la complejidad, de la pretensión. Por eso es tan difícil. ¿No es siempre doble la conciencia, debido a que sólo puede ser conciencia de algo? ¿No es siempre complejo lo real debido a que en él se entrelazan las causas y las funciones? ¿No es pretencioso cualquier hombre desde el momento en que se esfuerza en pensar? ¿Existe algo más simple que la estupidez, la inconciencia y la nada?. El hombre sencillo puede no plantearse estas preguntas. Pero eso no las anularía ni nos bastaría para resolverlas. La sencillez no es necedad. Pero estas preguntas tampoco bastarían para anular la sencillez de todo, ni la virtud que se encuentra vinculada a ella. La inteligencia no es sinónimo de estorbo, de complicación o de esnobismo. Es cierto que lo real es complejo, y sin duda de una complejidad infinita. Nunca podremos acabar de describir o de explicar un árbol, una flor, una estrella, un guijaro... Lo cual no les impide ser simplemente lo que son (sí: simple y exactamente lo que son, sin ninguna falta, sin ninguna duplicidad, sin ninguna pretensión), ni obliga a nadie a perderse en este infinito de la descripción o del conocimiento. Complejidad de todo: simplicidad de todo. "La rosa no tiene ningún por qué, florece porque florece, no se preocupa de sí misma, no desea ser vista... (Angelus Silesius)" ¿Hay algo más complicado que una rosa para quien quiere comprenderla? ¿Existe algo más sencillo, para quien no quiere nada? Complejidad del pensamiento: simplicidad de la mirada. "Todo es más simple de lo que podamos imaginar -decía Goethe-, y al mismo tiempo más enmarañado de lo que podríamos concebir." Complejidad de las causas: simplicidad de la presencia. Complejidad de lo real: simplicidad del ser. "Lo contrario del ser no es la nada- escribe Clément Rosset-, sino el doble." Lo contrario de lo sencillo no es lo complejo, sino lo falso.
La sencillez en el hombre -la sencillez como virtud- no consiste en negar la conciencia o el pensamiento. Se reconoce más bien en su capacidad para, sin anularlos, liberarse de ellos, para no ser su víctima ni su prisionera...

sábado, 17 de enero de 2009

"El mito de Ícaro" (fragmento) André Comte-Sponville


"La caída de Ícaro" Jacob Gowy http://www.ed-dolmen.com/

Nuestro tiempo pasará por ser el tiempo de la desesperanza. La muerte de Dios, el debilitamiento de las iglesias, el fin de las ideologías... Sin embargo yo lo veo más bien como el resultado de la fatiga. Se creen desesperados porque están decepcionados... Pero si estuvieran realmente desesperados no se sentirían decepcionados. Nuestro tiempo no es el tiempo de la desesperanza, sino del desencanto. Vivimos el tiempo de la decepción. Y así cada uno de nosotros debe buscar nuevas razones para vivir y para sentir esperanza. Hay que soportar con entereza el presente y preparar las decepciones del porvenir... Así pues, la tristeza engendra tristeza y el consuelo de hoy prepara las decepciones de mañana. Cada nueva esperanza está ahí sólo para hacer soportable la frustración de esperanzas previas, y esta huída perpetua hacia el porvenir es lo único que nos consuela del presente. "De este modo no vivimos nunca, pero esperamos vivir..." (Pascal). La esperanza y la decepción son ambas hijas del mal vivir y lo reproducen indefinidamente...

viernes, 18 de julio de 2008

"La felicidad, desesperadamente" (fragmento) André Comte-Sponville

Ya saben que no creo en Dios. Pero esto no me impide hacer la siguiente experiencia de pensamiento; imaginar que Dios existe y comprender porque o como podría amarnos. Sin embargo, existen experiencias más sencillas, más reales. ¿Creen ustedes que aman a sus hijos mucho más que a los de los otros porqué son más amables? No. Al contrario, son, para ustedes, más amables que los otros porque los aman más. El amor crea el valor, mucho antes que depender de él. También hay que decir que, cuando amamos solamente a algunos individuos (a nuestros hijos, a nuestros mejores amigos, a veces a nuestra esposa o nuestro esposo), tenemos miedo porque tememos perderlos. Mortales y amantes de mortales. El día que amen al prójimo, quedarán liberados de la angustia porque quedarán liberados de sí mismos. Yo, que soy un ansioso, estoy bien situado para saber hasta que punto estamos lejos de ello; pero es claramente el camino. No se trata de que haya que amar a todo el mundo, se trata de que, si hubiese una felicidad verdadera, una felicidad liberada, desatada de uno mismo, de la posesión y por lo tanto del miedo de perder, una felicidad sin angustia, (sin pertenencia, como dice Bobin), esa felicidad estaría del lado del amor universal. No solamente el amor de los hombres, de las mujeres, sino también el amor de lo real, de un paisaje, de un cuadro, de una música, el amor de un pájaro, el amor de todo lo que es, de todo lo que no falta. Hace un momento, decía que todo es presente, que todo está aquí. La paradoja es que todo, para nosotros, no es suficiente: nos pasamos el tiempo deseando una cosa distinta de lo que es, es decir exactamente, deseando una cosa distinta de todo. ¿Qué es sino esperar? Sé bien que no somos Buda, Jesucristo ni Spinoza. No se trata de decretar que vamos a amar a los pájaros, al universo y al prójimo por encima del mercado, con su cara de pocos amigos, sus malos olores o su necedad. Se trata de avanzar un poco: de esperar un poco menos, de actuar y de amar un poco más. Partimos de tan bajo, unos y otros, que no debiéramos tener muchas dificultades para avanzar al menos un poco.

miércoles, 9 de abril de 2008

André Comte-Sponville



André Comte-Sponville en el capítulo "La felicidad fallida o las trampas de la esperanza" propone: "No hay amor feliz: Mientras el deseo es carencia, la felicidad se nos escapa". Para ilustrar este punto nos brinda cuatro ejemplos de los cuales yo elegí el siguiente:

"Hay muchos niños, en nuestros países ricos, que desde fines de octubre escogen el juguete que van a pedir para Navidad. Desean tanto ese juguete, les falta tanto, que queda excluído que puedan ser felices por un instante de aquí a Navidad. Estamos a finales de Octubre: la felicidad se aplaza durante dos meses. Por suerte, los niños olvidan de vez en cuando que ese juguete les falta, por lo tanto, a veces, les sucede que son felices por inadvertencia. Sin embargo, en cuanto piensan en ello, se vuelve imposible: ¡les falta demasiado! Se dicen: "Qué feliz sería si lo tuviese". Pero no lo tienen y, por lo tanto, no son felices. Su espera les separa de la felicidad.
Llega la mañana de Navidad. Todo está bien. (la mañana de Navidad forma parte de los momentos que son más bien fáciles de vivir). Pero, despues de la mañana de navidad, viene indefectiblemente la tarde de navidad. Y ahí algo empieza oscuramente a corromperse, a ensombrecerse, a estropearse... El niño se pone un poco más nervioso y gruñón, como si estuviese descontento. Los padres tambien se ponen nerviosos: "¿que ocurre? ¿no estás contento?¿no es lo que tu querías?". El niño responde: "Sí, es exactamente lo que quería". ¿Qué sucede? Como no ha leído a Platón, no puede responder realmente. En cambio, si lo hubiese leído, diría: "Lo que estoy comprendiendo es que es muy fácil desear el juguete que uno no tiene, el que a uno le falta, y decirse que uno sería feliz si lo tuviera...Pero que es mucho más dificil desear el juguete que uno tiene, ¡el que ya no falta! En el fondo, es lo que explica Platón: el deseo es carencia. Pasa la tarde, luego la cena. El niño se acuesta y, cuando su padre va a hacerle los mimos habituales, el niño pregunta: " Papá ¿cuando es Navidad? El padre queda desconcertado: Navidad es hoy. "Sí, ya sé, responde el niño, quiero decir...la próxima Navidad" Y se inicia un nuevo ciclo.