Siva
No sé si es la vida
o la muerte
la que me va horadando
y aligera mis huesos
y se hospeda en mi sombra
No sé si alguien o algo
me va desdibujando contingencias
o si definitivamente
la existencia es un río nomás
que nos va apresurando hacia el mar
No sé si estas palabras
serán un tul de sueño
o si tanta intemperie me ha ido abandonando
quedamente desnudo
como un muerto
como un niño.
Responso
Los últimos instantes discurren en tus ojos
tantas cosas se fueron de mi vida
tantos días
llenaron de citas las agendas
de ruido las esquinas
en el lugar el tiempo exactos
en que no iba a encontrarte.
Desde mi espejo
Aquí están mis palabras
dolientes o dolidas
aquí está mi silencio
yo no estoy aquí .
Aquí está mi pellejo
trasegado de esquirlas y caricias
aquí mi subrepticia
mi rotunda osamenta
yo me he ido hace tiempo.
Aquí yace un obstinado corazón
un náufrago solitario y espléndido
después del desamor y el desolvido
no le tengas piedad
Los sueños saben ser generosos con su presa.
El dolor de los otros
Uno lo ve pasar
surcar de rojo tardes anodinas
golpear de puñetazo o de gotera las espaldas del sueño
Uno oye su respirar terco
el eco asordinado
el esternón vibrante
el diapasón en carne viva
Uno siente a su lado su densa sombra verde
ese procaz acidulado almizcle
y acaso tarde
maravillosamente tarde
se reconoce labio de la herida
sílaba atónita de años
y se desencandila del espejo
apenas casi sin entornar los párpados
uno empieza a llorar
sin traducir las lágrimas.
de Tríadas (2009, La Luna Que)
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lunes, 10 de mayo de 2010
domingo, 28 de junio de 2009
"El otro" Claudio Simiz
Este que ves entrar con mi misma estatura
y apoyarse por un instante en la mesa
donde tantas veces te hizo reír.
Este que busca, como siempre,
sus papeles sin encontrarlos
y hará a la vez tres o cuatro cosas
mientras conversa con los ángeles.
Este, que llamarás por mis nombres
y mis apelativos, tal vez no sea yo.
Seguramente
no advertirás
el silencio hilvanando las palabras,
la nada agazapada detrás de los anteojos,
el caminar sin huesos
sin aire
sin preguntas,
la aliteración ronca,
la piel que ya no sueña.
http://www.solopoemas.com.ar
y apoyarse por un instante en la mesa
donde tantas veces te hizo reír.
Este que busca, como siempre,
sus papeles sin encontrarlos
y hará a la vez tres o cuatro cosas
mientras conversa con los ángeles.
Este, que llamarás por mis nombres
y mis apelativos, tal vez no sea yo.
Seguramente
no advertirás
el silencio hilvanando las palabras,
la nada agazapada detrás de los anteojos,
el caminar sin huesos
sin aire
sin preguntas,
la aliteración ronca,
la piel que ya no sueña.
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