Mostrando entradas con la etiqueta H. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta H. Mostrar todas las entradas
viernes, 7 de septiembre de 2018
FELISBERTO HERNANDEZ
lectura de historia de un cigarrillo de Felisberto Hernandez, durante la emisiòn Nª 4 del programa un caos lùcido por Ragna Rock, el 02 de agosto de 2018
Etiquetas:
H,
Hernandez Felisberto,
un caos lúcido en radio
lunes, 11 de enero de 2016
Conversación entre el carpintero Zimmer y el escritor Gustav Kühne - Friedrich Hölderin
Kühne: Se habla de una historia de amor.
Zimmer: Créame. No es así, en absoluto. Una vez cumplidos
los treinta, el amor ya no
trastorna la cabeza. La causa de todo es su manía de saber y
no la dama de Frankfurt. ¿Me mira usted con asombro? Ustedes, los de ahí abajo, tienen una
idea equivocada de nosotros los suavos. Ustedes creen que no nos volvemos razonables antes
de los cuarenta años. Pues bien, no; todo lo contrario. No hay suavo al que el amor le haga
perder la razón una vez que tiene treinta años a la espalda...
Hay que tomarle como a un niño y entonces es dulce y
amable... En tiempos yo le llevaba a
los viñedos. Me jugó toda clase de malas pasadas. En la
actualidad se pasea solamente por el jardín. Se levanta con el sol. No puede soportar quedarse en
casa y se va a pasear al jardín. Golpea el vallado, coge hierbas y flores, hace ramilletes y
después los destroza.
Kühne: Los poetas alemanes no hacen otra cosa en toda su
vida. Ninguno de ellos lo ha
hecho mejor.
Zimmer: Todo el día está hablando en voz alta, haciéndose
preguntas y respondiéndose —
todo el tiempo—, y sus respuestas rara vez son afirmativas.
Tiene un fuerte espíritu de
negación.
Kühne: Es la suerte que nos espera a todos cuando
envejezcamos.
Zimmer: Cuando está cansado de haber andado se retira a su
cuarto, declama al vacío con la ventana abierta, no sabe cómo desembarazarse de su gran
saber. A veces se sienta a su espineta y toca durante cuatro horas sin cesar, como si quisiera
hacer salir hasta la última brizna de su saber. Y siempre el mismo tono monótono, la misma cantilena,
que uno ya no sabe dónde meterse en toda la casa. Tengo que dominarme con todas mis fuerzas
para que no me estalle la cabeza. Pero por otra parte a menudo toca muy bien. Lo único
molesto es el ruido de sus uñas demasiado largas. Es toda una batalla cortárselas... Cuando
aún vivía su madre, le reprendí y le dije que estaba muy mal por su parte no pensar más en ella;
y entonces reaccionó y le escribió una carta. Sus cartas eran completamente claras y como es
debido, como escribiríamos usted y
yo: «¿Cómo te va, querida mamá?» y todo lo demás. Es verdad
que una vez terminaba su carta diciendo: «Adiós, tengo estremecimientos, siento que debo
terminar».
Kühne: ¿Aún escribe versos?
Zimmer: Casi todo el día...
Voy a advertirle una cosa. Usted habrá oído hablar de su
hábito de otorgar títulos a todos los extraños que se le acercan. Es su modo de mantener a la
gente a distancia. No hay que
confundirse, es un hombre libre a quien no le gusta que le
pisen. Siempre está repitiendo:
«Nada ha de sucederme». Cuando empieza a estar harto y
quiere irse, es suficiente que se le diga: «Quédese usted un poco más con nosotros, señor
Bibliotecario». Puede usted estar seguro de que cogerá su sombrero, se inclinará profundamente y
responderá: «Su Majestad ha ordenado que me vaya». De esta forma da a la gente lo que pueda desear,
permaneciendo él libre.
Mire, cuando abruma a alguien con tantos títulos, es su modo
de decir: «Déjeme en paz»... Pero aquí está... Hoy está de muy mal humor. Dice que desde esta
mañana la fuente de la sabiduría está envenenada y que los frutos del conocimiento son sacos
vacíos, engaños, ¿no? Se habrá usted fijado que estaba sentado sobre el manzano, rompía las
ramas muertas y quitaba las hojas secas. Muchas veces sus palabras confusas encierran mucho
sentido.
de Poemas de la locura de Friedrich Hölderin
Etiquetas:
H,
Hölderin Friedrich,
narrativa
viernes, 7 de marzo de 2008
Miguel Hernandez
no, no hay cárcel para el hombre
no,no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quien encierra una sonrisa?
¿Quien amuralla una voz?
A lo lejos tú,
mas sola que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú,
sintiendo en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy, siénteme libre.
Sólo por amor.
elegía a Ramón Sijé
elegía a Ramón Sijé
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del
rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Nathaniel Hawthorne
Breve resumen de este cuento que aborda por un lado el
anonimato en las grandes ciudades y por otro la fragilidad de los sentimientos
que creemos inalterables:
Es la historia de un hombre -llamado Wakefield- que abandonó
a su mujer durante un largo tiempo. Wakefield, bajo el pretexto de un viaje,
dejó su casa, alquiló habitaciones en la calle siguiente y allí, sin que
supieran de él la esposa o los amigos vivió durante más de veinte años. En el
transcurso de este tiempo todos los días contempló la casa y con frecuencia
atisbó a la desamparada esposa...
...Recuerda que en algún momento la muchedumbre lo detuvo
precisamente bajo la luz de un farol encendido; que una vez sintió pasos que
parecían seguir los suyos, claramente distinguibles entre el multitudinario pisoteo
que lo rodeaba; y que luego escuchó una voz que gritaba a lo lejos y le pareció
que pronunciaba su nombre. Sin duda alguna una docena de fisgones lo habían
estado espiando y habían corrido a contárselo todo a su mujer. ¡Pobre
Wakefield! ¡Qué poco sabes de tu propia insignificancia en este mundo inmenso!
Ningún ojo mortal fuera del mío te ha seguido las huellas. Acuéstate tranquilo,
hombre necio; y en la mañana, si eres sabio, vuelve a tu casa y dile la verdad
a la buena señora de Wakefield. No te alejes, ni siquiera por una corta semana,
del lugar que ocupas en su casto corazón. Si por un momento te creyera muerto o
perdido, o definitivamente separado de ella, para tu desdicha notarías un
cambio irreversible en tu fiel esposa. Es peligroso abrir grietas en los
afectos humanos. No porque rompan mucho a lo largo y ancho, sino porque se
cierran con mucha rapidez...
fragmento de Wakefield
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


