...De esta manera, a pesar de mí mismo, me he vuelto sabio y ahora me doy cuenta de que mi cerebro es un fajo de pensamientos prensados en la prensa mecánica, mi cabeza calva es la nuez de Cenicienta, y sé bien que los tiempos en que el pensamiento estaba inscrito en la memoria humana tenían que ser mucho más hermosos; si en aquel tiempo alguien hubiese querido prensar libros, tendría que haber prensado cabezas humanas, pero tampoco eso habría servido para nada, porque los verdaderos pensamientos provienen del exterior, van junto al hombre como su fiambrera de fideos y por eso todos los inquisidores del mundo queman los libros en vano, porque cuando un libro comunica algo válido, su ritmo silencioso persiste incluso mientras lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo...
EL NEGRO (Irene Flor de Ceibo) Un cuarto y otra puerta; inviolable Los sueños astillados de los locos Botas que abren puertas a patadas: entran, buscan, encuentran, queman libros...
ARENA (Luis Gazzola)
...Tal vez quiera decirle a ese falo metálico que ella ha estado allí por millones de años, que ha resistido los embates del mar, del viento implacable y del sol. Que ha sabido moverse, renovarse y regenerarse...
FRÍO, PÓLVORA Y VIOLÍN (Marina Arévalo)
Zoilo se desliza por las calles arboladas. Acaricia y besa los capullos de las flores. Bailotea descalzo alrededor de la plaza grande en busca de una moneda y un aplauso. Guarda su violín sin cuerdas en el hueco del árbol. Con una caña y un sueño enhebra las notas...
París será una fiesta (Máximo Ballester)
En París con aguacero te veré vestida de papel de caramelo caerán serpentinas de carnaval con olor a adoquines de Buenos Aires un marinero con sueño y codos viejos te prestará su gorra llena de humo...
Al amanecer (Jorge Castagna)
...Sus labios no se posaron en los míos. Sus labios tenían otro dueño, más allá. Me molestó tanto no haber sido más para abarcarla...
...Una Lucía de tierra húmeda y esmalte tostado. Una que guarda entre las arrugas, desde el cuello al cordón del vientre mi carcajada, mi voz quebrada, su miedo. Un parque maduro de nunca ausente, dos capas de lana que no se mojan, lavanda y dulce de pupila. Mi cuento preferido, Lucía.
DESAMPARO (Patricia Justina Jimenez)
Mi abuelo me contaba en sus cuentos de abuelo, que la muerte se disfraza. Que la muerte se ríe de todos, al menos una vez en la vida...
ESQUIRLAS (Sebastián "El Zaiper" Barrasa)
...lo cierto es que quedaron fragmentos de tus ojos incrustados en los míos, y me está costando un poco (sólo un poco, no te asustes) ver el resto de las cosas con naturalidad...
DESHIELO (Sebastián Olaso)
...después de tanto silencio en los relojes, de tanto silencio en el deseo, de tanto silencio en las guitarras que pasaban. Despues de tantas guitarras maldecidas, de tantas guitarras de lujurias maldecidas, de tantas guitarras de ternura amurallada...
BUEN VIAJE... (Vanina Kuszczyc)
Quién se anima a encontrar el misterio de sus ecos, sus murmuraciones, los sonidos y las huellas de sus pazos. Quién se anima a que nadie lo persiga y lo cuestione. A que nadie lo tome de la cintura o apoye su mano en un hombro. Quién pretende no aburrirse de su propia sombra en el camino. Ser el único en las fotos...
de "Amores Humores Horrores" vol. 1 (Micros cruzagramísticos para viajar a donde quieras)
No sé si es la vida o la muerte la que me va horadando y aligera mis huesos y se hospeda en mi sombra
No sé si alguien o algo me va desdibujando contingencias o si definitivamente la existencia es un río nomás que nos va apresurando hacia el mar
No sé si estas palabras serán un tul de sueño o si tanta intemperie me ha ido abandonando quedamente desnudo como un muerto como un niño.
Responso
Los últimos instantes discurren en tus ojos tantas cosas se fueron de mi vida tantos días llenaron de citas las agendas de ruido las esquinas en el lugar el tiempo exactos en que no iba a encontrarte.
Desde mi espejo
Aquí están mis palabras dolientes o dolidas aquí está mi silencio yo no estoy aquí .
Aquí está mi pellejo trasegado de esquirlas y caricias aquí mi subrepticia mi rotunda osamenta yo me he ido hace tiempo.
Aquí yace un obstinado corazón un náufrago solitario y espléndido después del desamor y el desolvido no le tengas piedad Los sueños saben ser generosos con su presa.
El dolor de los otros
Uno lo ve pasar surcar de rojo tardes anodinas golpear de puñetazo o de gotera las espaldas del sueño
Uno oye su respirar terco el eco asordinado el esternón vibrante el diapasón en carne viva
Uno siente a su lado su densa sombra verde ese procaz acidulado almizcle y acaso tarde maravillosamente tarde se reconoce labio de la herida sílaba atónita de años y se desencandila del espejo apenas casi sin entornar los párpados uno empieza a llorar sin traducir las lágrimas.
"The century of the Self" (El siglo del individualismo) es un documental de la BBC, en el que Adam Curtis explica la influencia de la psicología de masas y la propaganda en la creación de la sociedad de consumo y el Poder en sí mismo del siglo XX. El documental nos introduce en las entrañas del poder sobre las masas, en la publicidad, la propaganda, las relaciones públicas y los medios de comunicación.
...–Erika, sabes, tengo la cabeza llena de fuego y fuego. Erika muchacha de las guirnaldas, amor, sabes, esto no es más que un sueño. ¡Ríete!, porque esto es solamente un sueño, despertaré, despertarás mañana, y los dos estaremos en la aldea, en la aldea donde hay casas de paja y amarillo tibio, muchacha mía, pequeña de andar entre las flores cantando, mañana, oye, despertarás y yo despertaré en la aldea.
–No grites –dice Erika.
Él grita, me duele la garganta de gritar, él grita y cami¬na por el cuarto con piso de madera, duelen los pies deshechos. Grita:
–Un sueño, Erika. Una pesadilla, nada más que sombras que dan miedo, pero mañana seremos niños, casi niños, y yo volveré a encontrarte junto al estanque, en el claro donde las hojas de los ceibos son verdes y hay flores rojas, muy rojas, y entre el follaje se ve el agua azul. Erika, sabes, hubo un tiempo en el que aún no tenías catorce años y yo te amaba, catorce años cuando nos que¬damos dormidos, entre las guirnaldas y los pájaros.
Ella lo mira con sus ojos selváticos, es bella, bella como una estampa viejísima y ajada pero bella, igual a sí misma, hermosa como sólo ella puede serlo y luego dice:
–Catorce años, sí, cuando nos quedamos dormidos, amor, y yo te amaba.
–Yo iba, Erika, lo recuerdas, iba por las noches al borde del agua, y te encontraba allí, y sabía canciones. Tú no las sabías, yo sí, y te enseñaba entonces todas las cosas, y por eso mañana des¬pertaremos en la aldea.
...Pensaba en tí, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento. "Ayúdame, Susana." Y unas manos suaves se apretaban a nuestras manos. "Suelta más hilo." "El aire nos hacía reír; juntaba la irada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado por las alas de un pájaro. Y allá arriba, el pájaro de papel caía en maromas arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra" "Tus labios estaban mojados como si los hubiera besado el rocío".
Nada más que su voz de costurera sola de mendigo golpeando en una estrella. Nada más que su voz y una violeta pisoteada mojándose en la calle.
Nada más que su voz y una luna de cartón y cabaret llorando gastadas lágrimas de glicerina mientras un hijo muere y se caen las lágrimas como harapos al borde de violines.
Nada más que su voz que un arlequín escucha en un gran hospital abandonado mientras quizás la nieve un bulevar la cárcel digan que también la conocieron.
Quizás hacia las dos de la mañana cuando bajan los ojos las cortinas una puta, un solterón, un saltimbanqui alguien que alguna vez miró bajo los puentes alguien que alguna vez lloró bajo la lluvia digan que también la conocieron.
Murió a la hora en que los solitarios caminan agachados doblan la vida como un diario la guardan bajo el brazo.
Esa mañana Buenos Aires amaneció lleno de lluvia.
Junto a las hojas muertas un gorrión se moría de alas a la calle.
...La soledad también es un estado muy peculiar... a veces se presenta como una selva, llena de peligros y de sorpresas. Conozco todas sus variantes. El aburrimiento que en vano intentas hacer desaparecer con la ayuda de un orden de vida organizado de manera artificial. Las crisis repentinas, inesperadas. La soledad es un lugar lleno de secretos, como la selva —repite con insistencia—. Uno vive bajo un orden severo, y de repente, se vuelve loco, como tus malayos. Nos rodea un montón de habitaciones, de títulos y de rangos, un orden vital meticuloso y exacto. Y un día lo dejamos todo y echamos a correr, como en un ataque de amok, con un arma en la mano o sin ella... y sin arma es quizás más peligroso. Empieza una carrera por el mundo, con los ojos fijos en la nada; los compañeros, los amigos de antes se apartan de nuestro camino. Nos acercamos a la gran ciudad, pagamos a algunas mujeres, todo estalla a nuestro alrededor, buscamos y encontramos pelea en todas partes. Y como te digo, esto no es lo peor. Puede que nos quedemos tirados por el camino, como un perro sarnoso. Puede que nos estrellemos contra un muro, que choquemos con los miles de obstáculos que nos presenta la vida, puede que nos rompamos los huesos. Lo peor es cuando intentamos ahogar dentro de nosotros las emociones que la soledad ha generado en nuestra alma. Cuando no echamos a correr. Cuando no intentamos matar a nadie. ¿Qué hacemos entonces? Vivir, esperar, mantener el orden a nuestro alrededor. Vivir respetando un rito pagano y mundano... como un monje... aunque los monjes lo tienen más fácil, porque tienen fe. Las personas que entregan su alma y su destino a la soledad no tienen fe. Sólo esperan. Esperan el día o la hora en que puedan dilucidar todo lo que les ha conducido a la soledad con las personas que son responsables de ello. Un hombre así se prepara para ese momento durante diez años, durante cuarenta, cuarenta y uno, para ser exactos, como los héroes de un duelo se preparan para el desafío. Dejan todo ordenado en su vida, para no tener deudas con nadie, en caso de que los maten en el duelo. Se entrenan cada día, como si fueran profesionales. Pero ¿con qué se puede entrenar un hombre solitario? Con sus propios recuerdos, para que la soledad y el tiempo transcurrido no le permitan perdonar nada en su alma ni en su corazón. Porque hay un duelo en la vida, librado sin sable ni espada, para el cual merece la pena prepararse bien. El duelo más peligroso. Un día llegará sin que lo llamemos...
...Su rostro blanco y rosa despedía una luz alegre y la barba rubicunda lo envolvía de un halo lunar. En contraste con la solidez de su calma, todo el entorno daba la impresión de ajetreo e inquietud. La pureza y limpidez de su mirada hablaba de fé, bondad, amor y desinterés. Podría argüirse que después de su fracaso en la universidad se vio forzado a renunciar a los honores y que perdió la esperanza en lo perecedero de este mundo. Después de ver morir a todos sus hijos, no había tenido más remedio que compensar su penosa pérdida refugiándose en el reino del amor y la generosidad para cobrar ascendiente sobre el corazón del prójimo. Pero el mundo está lleno de desgraciados como él. ¿Y cuántos han hecho lo mismo? ¿cuántos se han hundido en la locura? ¿Y cuantos vuelcan la copa de su rencor contra cielos y tierra?. Fuera cual fuere el secreto drama de su alma, su sinceridad era indudable. Era sincero en su fé, en su amor y en su generosidad. En cambio, resultaba extraño que hombre de bondad y generosidad tan reputada (y su reputación había llegado muy lejos) se comportara con tanta dureza y brusquedad, con tanta aspereza y grosería en su propia casa. Se dirá, sin duda, que obligado a renunciar al poder real en el mundo, lo ejercía sobre el único ser sometido a su voluntad, su esposa. Que compensaba su avidez insatisfecha mostrándose duro con ella. Pero hay que tener en cuenta las circunstancias de su medio social y de su época, las costumbres y la filosofía que regían, en su ambiente, la condición femenina. La mayoría de las personas de la clase social a la que pertenecía Husaini creía que a la mujer había que tratarla como a una niña, que esta era la única manera de hacerla feliz. Y lo cierto era que su esposa era la primera en estar convencida de que no tenía motivo de queja: estaba muy orgullosa de su marido y se consideraba una esposa feliz...
La tarde giraba como un barco con voluntad de pan y empuñadura de juguete nuevo él llegó con su ración de pájaro en la frente y aquella vieja moto ella traía un sol empecinado en su cintura y una canción de pólvora en los brazos se encontraron en el instante justo en que los pueblos arrojan sus muelles a temblar él se quitó la intemperie y un pantalón que alguna vez fue azul ella apoyó sus rodillas en el suelo de tierra y con sumo cuidado desató su cabello de los dedos del aire después en un lugar dolido de humedad y otras barbaridades los dos cuerpos se pusieron a cantar.
Qué haré con este corazón ? Derribarlo a mentiras ? Ahogarlo con palabras ? Tirárselo a los perros ? Serrucharle un peldaño ? Olvidarlo en un taxi ? Reducirlo a ceniza ? Arrojarle las piedras más negras de la noche ? Qué haré con este corazón desordenado y triste que no responde a nada ni recuerda su nombre desde aquélla emboscada entre sus pechos?
(...) ...no quiero la palabra saciada de sí misma ni la verdad dorada donde no cruje un pájaro no quiero almacenar saliva ni la tos delicada que recoja su aplauso quiero besar el caos los escombros del cielo no me dan de beber, yo soy el payador que quiere un mundo/otro y busca en el polvo del poema acaso una respiración inútil boca a boca quizá un vaso de sangre donde no quepa ni una sola gota de miedo así de día/tantos días que abro los ojos en el barro (...) ví desfilar el miedo/la infamia/el verso flaco los ojos van vendados debajo de los ojos la boca amordazada debajo de la boca y una lengua estaqueada a mitad del silencio yo soy el payador sobre cubierta no canto porque sí/ humeando entré a la vida