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jueves, 28 de marzo de 2019

ALEJANDRO sCHMIDT





lectura de poemas de Alejandro Schmidt

lunes, 15 de octubre de 2018

Marcelo Rizzi


las palabras se descifran entre ellas
y nosotros no hacemos otra cosa
que esperar; ponen por un instante
en suspenso lo intangible del mundo:
por ejemplo cuando un niño observa
caer por primera vez las estrellas
y da acierto al conceder al juguete
un enigma más real

----

por ejemplo ese que asciende
con cien morrales y que prefiere
ser evocado así: evitar nombrar
la magnitud de los presagios,
que nadie sepa nunca lo que
un cuerpo supo dar hasta dejar
la carga allá arriba en la montaña;
algo desde el fondo de los cielos
recordará que el tiempo fue una
vez usura y ofrenda, desconocida
y ceniza esa mano de quien lo donó,
como un legado piadoso sin forma
exacta ni espesor

----

el anzuelo seguirá cual semidios
oculto en la carnada; todo ser
que se define en el hacer regresa
algún día por la puerta de atrás
o por la ventana; a menudo se
guarda un luto de apenas unas horas,
horas en que el reflejo es un regalo
distraído del objeto en acuerdo
con la luz

----

ya habrá un momento real
en que cada objeto vuelva
en sí y construya su propia
ficción de materia palpable;
se convertirá al fin uno con ellos
en experto reconocedor del lugar;
se piensa en un cero absoluto
al dejar la cabeza caer sobre
la almohada; hay en todo sueño,
junto a un estricto plan de usos
y costumbres, un secreto de
rabdomante, un anhelo de zahorí

----

de estar allí, entre lo que se niega y se afirma,
no padeceríamos ese destierro que hace de la casa
un país inmemorial; el enigma pide en silencio
no ser descifrado, el hombre busca en su bestia
un mito creador, como el que va solícito del vino
a la presa, o el que fabrica escudos de viento
creyendo que son de metal 

Marcelo Rizzi (seleccón de material inédito por el autor para un caos lúcido)

sábado, 19 de mayo de 2018

Daniel Gonzalez Rebolledo - Poemas orilleros




Así puro él
en otoño
deshojándose
en esa hoja blanca
que nunca completa
en busca del abrigo
cuerpo a cuerpo
el reencuentro
atento
al filo de una sombra
a tanto cielo
de una noche
muchas veces otra.
y al fin así
como salvaje animal
vaga en la tormenta
de los sentidos
y transido
transitado
el oscuro vuelo del olvido
de todo aquello que no se cobijó
como destino de la infancia
en otro cuerpo.
Así sueña
así erra
el duende de Chacra Finisterre
de voz costera cuando atardece
mientras que el río llama
a la gran quema de cielos rojos.
Así recrea a su sombra

Fragmento del poema que Orlando Valdez, poeta santafesino, le dedica a poemas orilleros, ediciones minibus 2017

Daniel Gonzalez Rebolledo, según él mismo, es un tipo que escribe y vive en el campo, elegida soledad. Escribe porque no encuentra otro modo de ser libre, ser de la orilla y orillar la palabra. Ha publicado en Poesía, Cuento, Novela y Texto Dramático, con algunos premios importantes en los distintos géneros literarios y ha sido incluido en antologías de cuento y poesía en diversas ediciones. Profesor de Matemática y Cosmografía y Magister en Metodología de la Investigación de la Universidad Nacional de Entre Ríos.

A pesar de su título y por él, “poemas orilleros”, es un libro que deja  todo el tiempo las orillas para internarse en lo profundo, Cuando Daniel habla de la orilla, lo hace desde dos lugares, uno es que como ya lo define él mismo, escribe porque no encuentra otro modo de ser libre, ser de la orilla y orillar la palabra. Pero también él habla todo el tiempo de la orilla que se abisma.

Desde la dedicatoria Daniel me advierte que el libro es un viaje. dice: por ese viaje hacia la luz. Y desde allí,  lo sentí integrado  al  poemario y al lector. no se puede estar leyendo a Daniel sin ver que él está ahí con uno y con lo que dice, con el compromiso con su palabra.  Resalto mucho este aspecto, Quiero decir que él está conciente de  ese viaje hacia la luz, y viaja por el amor.

Lo hace desde un lenguaje, donde no se guarda nada,  comparte verdaderamente lo que  escribe. Hay desnudez y hay coraje para decirlo.Y ésto también lo destaco. No es frecuente.  Lo hace  en un  vuelo suave, amable, así va nombrando infinita cantidad de partidas, cada partida deriva en una nueva soledad y genera paralelamente un nuevo encuentro, el proceso que lo lleva, me recuerda al de la muerte y regeneración de las células, en una integración también con lo vital: el Ave Fénix-

Así comienza este viaje, dice "Dejarme ir por ese dulce manto de la lluvia", la lluvia, en esa suerte de dicotomía, unas veces despeja el camino y otras se presenta como depredadora, dice: lo intuíste, sin embargo, y lo sentí/en un fugaz destello de entretiempos/en que la lluvia nos unió/para el olvido.

La palabra es suave, sin altisonancias, las vivencias en cambio son fuertes, Acepta los extremos del amor, las contradicciones del amor, los fueros y desafueros. cito: Estulticia es mi vida por quererte, dice y continúa: un vínculo de astillas en el viento/contra el sereno estanque del durmiente."

Como hombre de las tierras de Juanele, no podía faltar el vínculo
“Iluminando el misterio del paisaje/ como Li Po bebiéndose la luna/te busco en el parque y en el agua/que fluye tan eterna en tu mensaje”.
"esa abismada orilla de Juanele (...) que no es muerte si no tránsito/tránsito cíclico y puro del recuerdo ¿hasta dónde se abisma la orilla, Juan? (...) dónde se abisma la orilla, Juan/ que no nos larga"

El viaje se ilumina con el regreso de los padres, y acá podemos ver la diferencia del amor materno al del amor paterno, no sólo de los padres hacia él, si no también de él hacia los padres, lo que le dan sus padres, lo que él ve que le dan sus padres. La madre es la que canta, el padre, el que guarda silencio. Y él recuerda a los dos en esa entrega del amor:
"al filo de la siesta reverberan los sueños/ y entonces madre canta la nana del regreso (...) la nana es un asomo de vuelos contra vientos"
"Cuando veas a tu padre/ensimismado/Atardecido bronce/viendo lejos. Te está pensando"

la presencia del río atraviesa su existencia toda: "soy tan solo/una fuga del tiempo/en correntada"
"no podré irme jamás de este paisaje/soy este manso río que desgaja/las nubes hacia el cielo/más perfecto del agua"

Y en todo este sortilegio, el vino es un manto, una piedad: "Pepe no olvidés la damajuana (...) el vino hace menos negras/ las noches de esta milonga"

Reconoce la soledad, y además habla de una soledad elegida, pero en esa integración de la que les hablaba al principio,  intuye presencias, no fantasmales, si no de monstruos que han dejado su marca en el paisaje y en él:  "sólo estoy, más no estoy sólo, la negra vaca del aire/me lame con rumor suave los endriagos de la carne/y las voces de cristal/suben del agua en su cauce. ¿Qué antiguos hombres dejaron/su huella en los arenales?/qué remotas ninfas cantan? / cuáles duendes por los sauces?. Lo que lo lleva a preguntarse: ¿cuantos hombres he sido? ¿quién me trajo el saber/el amor/el hermano?

DESTELLOS

Dejarme ir
por ese dulce manto de la lluvia
hasta donde se entraba en tu mirada.
Tornasol, tornavida, tornaespera
de mujer
que se detiene y mira
con el fragor antiguo de la especie.

En un recorte único del gesto
tu cara se levanta y se moja
con gravidez de fuente
y escurres graciosamente
el pelo con la mano…

Abres paraguas, sonrisa y el camino.
Sin asomo de duda
tus tacos por mojados adoquines
se van yendo.

Lo intuiste, sin embargo, y lo sentí
en un fugaz destello de entretiempos
en que la lluvia nos unió
para el olvido.

ANDO POBRE, PEPE.

Ando pobre, Pepe.
Traé tabaco del fuerte
que pitando uno se olvida
las penas que el viento vuelve.

Si no venís estos días
acordate que la costa
el rancho y la isla entera
se mezquinan esta sombra,
que de tanto andar galguiando
soy de huesos una bolsa.

Pepe, no olvidés la damajuana
que es muy dueña de estar sola.
En cuanto puedas venirte
llenate una o dos, panzonas.
El vino hace menos negras
las noches de esta milonga.

Te espera el pique de siempre
y mi amistad de canoa.

POR LA ORILLA DE LA TARDE

El sol y el viento me encelan
de primavera la sangre.
El tiempo de este silencio
desde mis ojos se cae
y me voy, arena, arena,
por la orilla de la tarde.

Solo estoy, más no estoy solo,
la negra vaca del aire
me lame con rumor suave
los endriagos de la carne
y las voces de cristal
suben del agua en su cauce.

¿Qué antiguos hombres dejaron
su huella en los arenales?
¿Qué remotas ninfas cantan?
¿Cuáles duendes por los sauces?
¿Qué alegoría tremenda se esconde en los pajonales
para que violente el tero con sus gritos al desgaire?

Entre mundos paralelos
flota mi espíritu de ave.
¿Qué ronco furor de sueños
estremece las edades
mientras el viento y el sol
se encabritan en mi sangre?

de Poemas orilleros, ediciones Minibus 2017


sábado, 11 de noviembre de 2017

Antología Aliberti - Parte 1

a mis poetas

-están mudando a sombras
/las presencias compañeras-
escapan de su piel/
un viento implacable
desconcierta sus voces

si no puedo ver el rostro del poema
¿cómo sabré quien soy

qué extraños sofocarán mi amnesia

dónde habrá un acuerdo

una divergencia

un virtual asombro

que tome mi mano
en el transcurso?,,,

                              alicia b. pastore


Beatriz

nacida de cuentos orientales
o del cine,
de versos de Gonzalez Tuñón,
ella tiene fantasmas de jazz
en las caderas,
en los ojos
y en el pelo

pequeñas hadas habitan sus zapatos,
sus manos

ella ella sueños de adolescentes
y poetas,
fantasías de los derrotados
por la ciudad grotesca

rubia bruja del sur
que baila/baila
contra el cielo estrellado

                              Amadeo Gravino



                     a Jorge Ariel Madrazo, in memoriam

desde mi arena natural decaigo
como ausente del nido o del verde
pájara o paisaje o artilugio
para devenir
polvo que late
desde mi arena natural
espero el suceso
el rostro que reúna
a la hembra con su especie
desde mi arena natural
raspo
(me oscurece este mar
su hondura)
desde mi arena natural me esparzo
caracol o casa que me llevo
a cuestas
(playa en donde el agua
se vuelve a correr hacia su oceáno)

                              Ana Guillot



Saludo al amigo

                           a Roberto Santoro

No es que a veces me olvide,
sólo que hoy te recuerdo más,
y no resisto a la vieja costumbre de saludarte,
decirte por ejemplo que aquí estoy,
con mis castillos de arena intactos
(cuando sopla fuerte el viento, uno sopla más);
con dos hijos que crecen como el abrazo
que guardo en el pecho desde aquel día;
que nadie ha borrado tu nombre
y sigue habiendo una silla
con las formas de tu cuerpo y tu calor.
(Si alguien dijera que no estás, ¿qué probaría?
Puede más tu voz, como una herida que no tiene cura).
Para cuando vuelvas
-en un cuarto del mundo-
se encenderá otra vez la mesa
para reanudar la charla que dejamos inconclusa:
ambos nos miraremos desde ventanas abiertas.
No falta mucho: al irte, no dijiste adiós.

                                   Antonio Aliberti

                                        de Mareas del tiempo, 1981)



Pájaro de las plumas celestes

Quiero amar a un pájaro
con plumas celestes,
un pájaro que cante y me sonría
como una flor recién abierta,
que dibuje arabescos en el aire
y cante solitario en la noche.
un pájaro que me de los buenos días
cuando mis ojos inauguren la mañana,
que observe el color de mis pensamientos,
salte hacia mi mano
y coma de mi amor invisible.
Quiero ser ese pájaro anonimo
que devele mi verdad
y me conceda el
único deseo
que nunca he manifestado.
Que despliegue sus alas
hacia el infinito
y vuele conmigo
hasta mis profundidades
y desde allí emerja intacto y nuevo.
El pájaro de fuego y aire
que me sobrevuela mientras canto,
que arrulle mis silencios
en un sinfín de silbos
y me devuelva al origen.
Pájaro que tiembla,
mujer que espera.

Un dios en miniatura
a quien rezarle a diario.

                              Beatriz Minichillo



La presa

Todavía no sabe. No conoce la desembocadura
                                                              del llanto
ni el sueño opacado en el espejo.
                                                     Entonces baila
con su pollera apretada
                                  marcándole la bombachita.
Baila con la gracia quebrada de la gacela
                                                             que huye.
Ella también, en el último ademán del miedo,
elevará la cabeza abriendo su mirada
                       para después caer, blandamente,
en el dolor.

                                   Beatriz Schaefer Peña



Beneplácito expuesto

Este amor a la vida
desprovista de dioses e ideales
me lleva a homenajear cuanto las convenciones
fijaran reprobable,
y, aunque la fortuna,
nunca me arrinconó en el brete
de las decisiones,
si, para guarecerla, la opción hubiera sido
la traición o la fuga, la falsificación o el timo
sin  duda elegiría
el camino reprobable
y haberla así, salvado.

Que el cielo se encuentre enaltecido
por mártires y héroes no me incumbe,
si ascendieron hasta su magna cumbre
en la sacra defensa
de dioses o ideales, los advierto esparcidos
desde siempre en la afligida pelambre de la Tierrra,
tan abundantes como el ábaco en sus cuentas
(y, desde ya, facilmente intercambiables),
la vida, en cambio, una y única,
nadie te la devuelve.
                 
                                         Carlos Berbeglia




Campos carmesíes

Aquellas lágrimas escondidas
adentro de una hija de álamo
son palabras peregrinas
que esparcen el almizcle de las diamelas.
Ahora mi cuerpo es viento respirando pena.
Toda mi gente yace sobre las sombras de las aguas.
Oh, Dios. Dios del Silencio.
Danos en el alba
el resurgir de nuestros campos carmesíes

                                          Cristina Pizarro



Poema

Dicen
"el pasado está grabado en piedra".
Dicen
pero no es así.
Es humo
en un cuarto cerrado.
Ondula,
ciega,
deja ver.
Cambian su forma,
el paso del tiempo y los anhelos.
El pasado
no se borra,
se queda a merodear,
intenso,
como el olor a madera que se quema.

                                   Daniel Castelao


Los ojos del Pez

                                       a Soledad Agüero

Niño absorto,
con los ojos del Pez apresado entre tus brazos,
un instante tu espíritu se ausenta
para bajar al mundo de los muertos sin ser visto.
Como en un flash entonces nos atisbas
atrapados en variadas cavernas.
Y tus tristes ojos deslumbrantes
nuevamente navegan seda adentro.


                                    Elena S. Eyheremendy

sábado, 4 de noviembre de 2017

Ana Arzoumanian



Nos enhebran 
a la aguja que desteje, 
y el verdugo de las penumbras
mece la ilusión
en manos colgadas de maderos

-----

Es una larga noche el día.
En mi espalda que se destapa
espera vacío el sol
para sacudir las sábanas.
Todo mi cuerpo en la cama
da vueltas al revés, 
hace piruetas
desafiando el hastío.
Cuando mis horas se deshacen
sangra la traición,
arden mis palabras

-----

Este es mi abandono:
contrato de labor continua
y lanzas que me guían sin timón
hacia los arrecifes de bordes desmentidos
a la hora de la cena, hacia la palidez
que me atraviesa, hacia mi atril
en las fosas cotidianas.

-----

Soy la que no te aquieta,
la que ofrece su escacez de agua, 
mi vacío de cruz desposeída.

-----

Ella vende medias viejas
en una tienda sombría
de un barrio cualquiera.
Algo de mí acompaña
la fuerza de sus brazos
abriendo las persianas.
Y todas las noches
cuando ávida cierra
la caja medio vacía,
vecinas gordas y feas me señalan
en la vidriera que nada muestra.
Hoy estamos tan cerca.
Ella, como yo,
quiere ser otra y no esperar.
En ese almacén
al final de la última calle, 
sólo quiere la quietud ignorante
de las horas igualadas.
Y yo aquí,
pegoteada en el encierro
quiero no saber de esta idea,
que ya no duela la luz.
Ay que sea dulce la oscuridad. 

-----

Hay un olor a fugas en la sombra,
será que me brotan trinos
que tu voz pronuncia.

-----

...Oh, abuela, 
en este caminode piedras
te han sepultado tantas veces.
Quise desenterrarte y llené tus tumbas
con las máscaras del esplendor disipado

de Debajo de la piedra, Nuevohacer, Grupo Editor Latinoamericano, 1998

viernes, 3 de noviembre de 2017

Ricardo Ruiz


¿al sol
en el verano
vamos
en el invierno
al sereno
no nos dan paz
los huesos
de día
y de noche
por andar
en lo que nos va
y se viene?

---
hurga
con el roto hueso
de su hermano
su carne y su carne
de su nombre separa
se para y grita
lo que todos entienden
y no

¿entienden
la bestia de sombras
que lo quiebra?
en la tarde de sol
la noche insepulta?
en el hueco de las voces
su amenaza?

así
en su carne
sepulta
el hueso roto
de su hermano
la amenaza
en el hueco de las voces
que lo quiebra
hurga la noche
contra la bestia de sombras
y grita

---
dice
sola
y cae
del banco
de la cocina
al cielo
no posible
soñado
reluciente
de lamer sus pies
sustitutos
pastillas
como truenos
de paz
en esta guerra
y nota
de dolor
un gesto
pinta
sobre la boca

¿lo que no fue
no pudo ser?
¿elegías
romances?
¿otras prendas de amor?

así 
en un gesto
cae
de la paz
de la cocina
al trueno
del dolor
no soñado
sustituto
de amor
en esta guerra
de lo que no fue
otro cielo
pinta
sobre la boca
rota dice
y sola

de huesos de otros vientos - ediciones en danza 2015

martes, 10 de octubre de 2017

Daniel Rafalovich

niño, de pie

Niño, de pie,
sobre la escalera de caracol,
asomado al ventanuco.
Cae el sol;
las chapas incandescentes de los techos
comienzan a contraerse.
Decenas de gatos
de miradas esquivas
y pelajes raleados
acuden al rito.
La sombra del tanque de agua
semeja una almena derribada.
El niño, múltiple la mirada
y la fascinación,
en puntas de pie,
atisba el hueco de la escalera.
Luego, otra vez, la pequeña ventana.
Y declara abolidas
la insoluble realidad
y sus rutinarias perspectivas.

Estoy perdidamente enamorado de esta brisa
que me abraza, me refresca,
  me dilata.
¿Habrá a esta hora
alguien pescando en el oscuro río,
    a solas con su red
      y su farol?
¿Habrá alguien poblando los vagones
        trepado a una botella,
        vegetando, se diría,
        en su vigilia?
¿Qué soñarán, en esta hora,
         los monjes en sus celdas?
El último de ellos
¿irá por los corredores
     apagando las luces

           lentamente?.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Cristina Domenech


Sintaxis del nudo


Hay nudos entre hombres
que desatan sus manos
y nadan como vulgar alimento
de los peces.
Allí no cantan sirenas
y el mundo es un gesto siniestro
de agua y hombre
de vuelos indecentes que no dicen adiós

Son manos tendidas para otros
que no recuperaran el cuerpo
de la ausencia

hombres manos tientos

nudos llanos
o tal vez el haz de guía que no basta
para llevarnos a la gloria
de nadar contra la corriente
o sudar para decir pan
como benévolo alimento

Nadie nada
entre la vida o la muerte
como anudamiento flaco y débil
que consuela

Tal vez haya un modo nuevo:
algún día
un hermano con la piel abierta
donde decencia signifique
menos cuerpos que esperen el día

del juicio final

sábado, 8 de julio de 2017

Madrecitas - Valeria Cervero





Madrecitas - Valeria Cervero - BARNACLE Libros homogéneos y comerciales 2017

sábado, 1 de julio de 2017


la sangre de los expulsados
los que no alcanzaron el perdón
se esparce como río a punto de secarse

el ojo avizor se distrae
con sus propias visiones apocalípticas
en un mundo que no cesa de extinguirse
a pesar de los gritos
de los llantos
de los vientos con nombres extraños

a pesar de las promesas arcaicas
de las utopías por cumplir
de los seres de buena voluntad
del hombre desnudo

y su alma vagando en la espera

                - 0 -

Cae desde la nada
un hilo rojo
oscilando entre las nubes

se escucha la voz de lluvia
antes de su llegada
el canto de las aves lejanas
el eco de los viajantes desnudos
el roce del aire en el vacío

las manos pequeñas rogando
las ausencias entre los brillos
la entrega
la espera
un cielo que se disuelve

y nosotros títeres extraño

                 - 0 -

Todo surge con vèrtigo
como anunciando el fin de los oráculos
las hojas lloran con lágrimas incoloras
hay ojos ocultos
alguien cuenta las horas deslizándose
creca de la oscuridad

los pies que huyen de los amaneceres
para refugiarse lejos de los pórticos
las nubes negras llegan con los gritos dormidos
y los pájaros se fugan antes del vendaval

el mar está lejano y moribundo
las naves se hunden lentamente
sin viajeros

sin gritos por la salvación


de Mundo – Tahiel ediciones 2017