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jueves, 26 de septiembre de 2019
jueves, 29 de agosto de 2019
Perla del Sur - Gustavo Tisocco
el poemario comienza así:
Como pluma al viento
mis palabras
a veces caen en un desierto
a veces en un jardín florido
anunciando de este modo el destino errático de toda
escritura, cito:
Minúsculo ratón
que duerme bajo la noche
y es devorado por la serpiente
para su gloria su derrota
Así deben ser los poetas
así
la poesía.
cuenta sus experiencias desde niño, sus nostalgias, las
siestas, los juegos, el río, a lo largo de un libro que va en busca del pasado
como para corroborarlo. Nombra al momento en que fue concebido y engendrado:
osadía, destello, con lo cual ya nos está poniendo de relieve su intuición:
una vida está inscripta en la luz y la
audacia, no por nada elige la profesión de neonatólogo.
Pero si hay luz, hay sombra, cito:
con mis hermanos
coleccionábamos resplandores,
contame abuelo como es quedar
ciego si habitaba el sol en tus pestañas,
será por eso que
era un niño triste,
tenaces los ahogados nadan una y otra vez sobre su
verdugo
Transcribo un fragmento del prólogo, escrito por la querida Sandra Pasquini, cito:
Ser dos, ser uno con el todo, criatura metálica, ángel y fauno a quien nada de lo que ocurre más allá de su terruño le es ajeno. Su palabra poética abreva también en la realidad cotidiana para denunciar el dolor y la llaga, la injusticia y la miseria.
poemas:
El cementerio queda camino al río.
Tenaces los ahogados
nadan una y otra vez sobre su verdugo.
Lejos del pueblo,
cerca del agua,
los otros muertos
prefieren las flores.
---
Liberado de su jaula
se sentaba a esperar
al cazador.
Es que no había libertad posible
lejos del verdugo.
---
Alto
o
bajo
todo hombre
tiene su sombra
---
Ahora que de a poco el baile va cesando´
y ya no tenemos pies
solo un suelo marchito de roío
cuando se apagaron las luces
y no queda ni siquiera el viejo resplandor de los
campanarios
ahora
que no somos jauría
que escribimos como se escriben los testamentos
para sentir que aún estamos inmersos en la
amargura
ahora que no quedan perros ni gatos
ni siquiera el silbido del muerto aquel
ahora que el amor
ha pasado y no nos dimos cuenta
porque el alcohol obnubila
la belleza enceguece la juventud
ahora, recién ahora, nos percatamos del sol
cuando anochece.
Perla del Sur, Gustavo Tisocco, ediciones Vinciguerra 2019,
miércoles, 29 de mayo de 2019
viernes, 8 de febrero de 2019
JOSÉ EMILIO TALLARICO
José Emilio Tallarico, leído durante el programa 15 de un caos lúcido por ragna rock, el 18 de octubre de 2018
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Tallarico José Emilio,
un caos lúcido en radio
martes, 10 de mayo de 2016
Alejandro C. Tarruela
acerca de caminantes
Deambulo dormido
la ciudad que despierta
a la crueldad
como quien descubre
su sombra
en sueños de otros.
Estoy dormido,
otros aterrorizan
a débiles caminantes
que parten sin rumbo
llevándose sus pensamientos.
sombras
II
El gentío aletea alborotado
devorándose en verde la gracia
de los campos
y la luz torva de las ciudades vacías;
el gentío suena a música, balidos opacos
que estallan en los huesos.
La noche carga luego los restos
y los devuelve en rostros angustiados
que deforman el mundo
con su acitud de plástico.
acerca de la melancolía
La melancolía es un señor aturdido
que invade el pasado
y le rescata una lágrima.
Las lágrimas son ovales
y ofrecen filtraciones
y espejamientos
a través de los cuales emiten
imágenes difusas
e imperfectas
para miradas cómplices
a las que ofrecen libertad.
Cuando el hombre aturdido
es seducido por la lágrima
repite inexplicablemente
las escenas
y se convierte
en vocero de la melancolía
y si los árboles se agitan
con el viento
él apenas recuerda una película
de Humprey Bogart.
de el viento llueve en agosto - Libros de Tierra Firme - colección Todos bailan - 1999
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Tarruela Alejandro C.
sábado, 4 de julio de 2015
José Emilio Tallarico
tumba del musiquero
Ningún sonido.
Estará bien alejarse entonces
y que la memoria trampee en el descampado.
Aquí yacen la sordina del viejo,
el epitafio que vislumbró su redención.
Ni los alvéolos del viento ni el hueso reconocen la oferta:
esto es zona sensible, de residual monotonía.
Aquí delibera el silencio como siembra menuda.
Los muchachos del pueblo a veces vienen a pasar la tarde,
fuman su marihuana, ríen, y respetan el clima.
Está bien que así sea porque el cauce interminable
baja con el ensanchamiento de las sombras,
y la locura al ser tibia y desunida no lograría resistir.
Lo mismo da que el viajero silbe o se persigne
cuando pasa de largo.
Todos los cuerpos desaparecen en la luz.
hacia el río
¿Qué puede pedirte el mundo
más que un orgasmo o una muerte?
Brilla un zodíaco esmaltado en el cielo.
Los fantasmas del río se hinchan con el primer resplandor.
Lámina tras lámina acuden instantes azules, insulares,
como si el alma no tuviera nada que afrontar,
como si el homenaje de las aguas proveyera
de temblor suficiente, y fuera carne iluminada
la que desciende ahora, lenta, a trocarse en olvido.
Todo es póstumo en el zumbido lunar.
La brisa del sudeste cruzó desencajada estas veredas.
Ardió y huyó alguna vez. Pero ya es otra.
Se parece a la espalda de una hembra blanquísima.
Ansiaba transparencia la mitad de tus ojos,
pero he aquí las aguas con sus límites;
arena sucia, pedrerío, movimiento de objetos desgraciados.
Alguien tenía que mirar estas aguas, esta extensión velada.
¿Principio o fin? Alguien tenía que bajar, respirar hondo este aire.
Andariveles, antología-selección del autor - Argos 2006
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Tallarico José Emilio
Pablo Tambella
FOSCO - (A mi viejo, cirujano)
-Cuanto arte en la belleza
de arrancarle tiempo
al tiempo
esculpiendo montes
óseos
remozando senos
las sonrisas que le
adeudan
a tus manos
cincelando
tantas pieles hoy
lucidas
tantos labios hoy
besados
Ya te entiendo sin
palabras
y te veo en el
silencio
como metáfora viva
en un verso
transparente
hoy que son tierra
tus labios
yo converso con los
míos
mientras mastico tu
voz
que se agolpa en mi
garganta
te cautivo en la
memoria
en el último recinto
se me suicida el
llanto
cuando yo te resucito
aunque me habitas, me
hiero
como me hieren las
letras
porque me lloro en
versos
y me pueblo de tu
ausencia.
Mar del Plata -1984- Requiem-
FOSCO II
-Cuando ya todo se llueve
me derramo en el
silencio
un vodka helado me
envuelve
mientras te intento
y me sufro
cómo se llora el
poeta
cómo me lloro en tu
estabas
letras cargadas de
humo
lágrimas tinta en
borrasca
entre escombros de
alma
en sangre
me reduzco
a borbotones
de un imbécil
que se yerma
se continúa y se
duele
cómo se besa a un
padre
cuando muerto
no se muere
mientras construyo
ladrillos
de barro
y besos porfiados.
Mar del Plata -1984- Requiem-
martes, 23 de diciembre de 2008
un cuento de "El hombre que calculaba" de Malba Tahan
No todo se trata de matemática. O por lo menos, en este caso, la magia se halla en el desprendimiento. Beremiz es inteligente y la inteligencia lo lleva a solucionar los problemas de los otros en forma matemática -que es su habilidad- de manera que todos salen beneficiados (incluso él). Este resultado deviene de despojarse de la única posesión (imprescindible para ellos) con que cuentan Beremiz y su compañero. La recompensa es mayor. El cuento:
Habían pasado unas horas de viaje cuando Beremiz, mi compañero, demostró sus habilidades de genio de las matemáticas:
En las cercanías de un antiguo y casi abandonado refugio de caravanas, vimos a tres hombres que discutían apasionadamente a un lado de un grupo de camellos. Entonces Beremiz intentó informarse sobre el tema de discusión.
Somos hermanos -explicó el mayor de los hombres- y hemos recibido como herencia 35 camellos. Según la voluntad de mi padre, me corresponde la mitad de los animales; a mi hermano Hamet Namir, la tercera parte; y a Harim, el más joven, la novena parte. Pero no sabemos como realizar la división, y en cada intento de reparto propuesto, la palabra de uno de nosotros va seguida de la negativa por parte de los otros dos. Si la mitad de 35 camellos es 17 y medio, si su tercera parte y también la novena de la cantidad en cuestión, tampoco son exactas, cómo proceder a la división?
Muy fácil -dijo el hombre que calculaba-. Me comprometo a realizar con equidad el reparto, pero antes permítanme que junte a los 35 camellos heredados este maravilloso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora.
Aquí intervine en la situación: -¿cómo puedo aprobar semejante desatino? ¿cómo podremos seguir con nuestro viaje si perdemos el camello?
-Que no te preocupe, bagdalí -dijo, en voz muy baja, Beremiz- conozco bien lo que estoy a punto de hacer. Préstame el camello y verás a que conclusión arribamos.
El tono de seguridad empleado hizo que le entregara, sin la menor duda, mi hermoso jamal que, al instante, pasó a ingresar la cáfila que sería repartida entre los tres hermanos herederos.
-Amigos -dijo-, voy a hacer la división de los que ahora, como pueden apreciar, son 36 camellos, de manera justa y exacta.
Se volvió hacia el mayor de los hermanos, y habló de esta manera:
-Deberías recibir, amigo mío, la mitad de los 35 animales, o sea: 17 y medio. Ahora bien, recibirás la mitad de 36 y, por tanto, serán 18. No tienes reclamo que hacer, ya que sales beneficiado en esta operación.
Se dirigió al segundo de los herederos y dijo:
-Tú, Hamed,deberías recibir un tercio de 35, o sea, 11 y un poco más. Entonces tendrás un tercio de 36, esto es 12. No habrá protestas, porque tu también sales con ventaja de esta división.
Por último dijo al más joven:
-Tú, joven Harim Namir, según la última indicación de tu padre, tendrías que beneficiarte con una novena parte de 35, es decir, 3 camellos y parte de otro. Pero te entregaré la novena parte de 36, o sea 4. Será también apreciable tu ventaja y bien podrías decirme gracias por el resultado.
Luego terminó la cuestión con la mayor claridad:
- Debido a este generoso reparto que a todos ha ayudado, corresponde 18 camellos al primero de ustedes, 12 al segundo y 4 al tercero. La suma de las cantidades(18 + 12 + 4)da como resultado 34 camellos. De los 36 camellos, quedan sobrando 2. Uno, como bien saben, es propiedad del bagdalí, mi amigo y compañero aquí presente; y el restante es lógico que me corresponda a mí, por haber solucionado, en forma satisfactoria, este enredado problema de la herencia. Eres inteligente, viajero -pronunció el más viejo de los hermanos-, y aceptaremos el reparto propuesto con la confianza de que fue justo y equitativo.
El hábil Beremiz hizo suyo uno de los más hermosos jamales del grupo y me dijo, alcanzándome la rienda de mi animal:
-Ahora si podrás, estimado amigo, seguir el camino en tu camello, tranquilo y confiado. Ya que tengo otro animal a mi servicio.
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