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lunes, 3 de octubre de 2016

programa 6 - 10/09/2016



emisiòn del programa 6 "un caos lúcido" conducido por alicia b. pastore en el espacio "desde el arte" de Helios Buira por arinfo
En esta oportunidad el invitado es Mario Capasso
se difundieron los audios:
1) Carta...Buenos Aires, 15 de Noviembre poema de Jorge Bocanera en la musicalización e interpretación de Alejandro del Prado
2) la cerveza del pescador schiltigheim, poema de Raúl Gonzalez Tuñón (musicalización e interpretación: cuarteto Cedrón
3) el colibrì y la flor (anónimo) ensamble folclòrico Miel de Caña
4) estrella de otoño (Daniel D' Amico - Tito Villagra) ensamble folclòrico Miel de Caña.

Acompañò el programa como fondo musical Adios Nonino de Piazolla, ejecutado por Daniel Barenboim

sábado, 18 de octubre de 2014

Hasta ahí nomás - Mario Capasso


Dice Cortázar en su artículo Realidad y Literatura en América Latina:

"Y cada día que pasa me parece más lógico y más necesario que vayamos a la literatura -seamos autores o lectores- como se va a los encuentros más esenciales de la existencia, como se va al amor y a veces a la muerte, sabiendo que forman parte indivisible de un todo, y que un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y de su última palabra."

porqué cito a Cortázar? porque me tiende un puente hacia mi lectura de esta obra

La literatura no es algo funcional, sin embargo modifica la mirada del lector. En el caso de la microficción, y ésto lo he conversado con amigos poetas y microficcionistas, y más o menos todos nos ponemos de acuerdo en un punto: la linea que la separa del poema  es casi imperceptible. Y la poesía es ese lugar donde el lector ejerce su derecho a completar al autor.

Además: éste libro de microficciones en particular,  está escrito por Mario Capasso que ya de por sí es un autor que desde cualquier tipo de narrativa que aborde, conduce realidad y ensoñación en una misma traslación. llevándonos de la mano hacia sus historias, soltándonos y dejándonos circular libremente por ellas, pero siempre, de un modo o de otro, y por eso digo que el autor es quien conduce en una suerte de paternidad, siempre nos vamos a encontrar con una realidad y un punto de fuga de esa realidad,

Así nos encontramos con que para Capasso "el asombro" es un personaje que camina, habla, busca, resiste como un hombre: El asombro, con los ojos bien abiertos, durante el transcurso de un día soleado a más no poder, atravesó el umbral, cerró la puerta de su guarida y salió dispuesto a ver qué pasaba de nuevo en el barrio.

En "la imagen" hay tanta realidad, que el protagonista, al no soportarla, busca el olvido, desenfocando, como aquel personaje de una de las películas de Woody Allen: Después del primer trago, trató de concentrarse en el espejo ubicado detrás del mostrador. Quería verse representado en él: reconocerse en la imagen, su propia imagen allí reflejada. Al principio le costó bastante. No lograba enfocarse. Parecía que la imagen tuviera vergüenza, o temor y procurara borronearse.

En "el perro" un hombre sigue a un perro durante muchas cuadras pero en el medio de un breve fragmento nos encontramos con la disyuntiva: el hombre sigue al perro o lo imagina?, el hombre imagina al perro o el perro lo sueña?: lo imaginó dándose vuelta para el lado en que se sentía más cómodo y acurrucándose entre los trapos que le daban ese calorcito que tanto le gustaba, que desde siempre lo hacían sentir bien, que cada noche le facilitaban la entrada al sueño en el que un hombre lo seguía durante muchas cuadras.

En "la puerta" un hombre simplemente entra a un dormitorio, pero... escuchen: En una zona especialmente trabajosa, mientras manoteaba con fuerza para abrirse paso entre la vegetación, advirtió que por suerte la luz del velador, que alguien había dejado encendida, lo ayudaba a guiarse entre los árboles y las plantas, que parecían cubrirlo todo, salvo ese caminito que ahora él pisaba con un entusiasmo renovado y que poco a poco iba dejando atrás, al igual que iba dejando atrás la pesadilla en la que él mismo se veía envuelto en una especie de follaje que se le había metido en la habitación.


Premio Edición Luis Di Filippo - 2014 (Asociación Santafesina de Escritores)




miércoles, 9 de noviembre de 2011

La Ciudad después del humo - Mario Capasso

En "La Ciudad después del humo" Mario Capasso toma los comandos del juego y ordena al lenguaje decir.

El narrador nos habla, al principio, desde un ínfimo espacio de lugar y de tiempo:

Aquella mañana del regreso de la multitud a La Ciudad, para variar, amanecí con los ojos abiertos y medio baqueteados.

De un tirón.

Con migraña, además.

Enseguida, durante el lapso comprendido entre el estremecimiento de un muslo y la sacudida del otro, sentí cómo se integraba a mi cuerpo la opresión de un calambre sin adjetivos.

Sin embargo, a poco de comenzar la historia abandona su circunscripción para colarse en los laberintos de una realidad más amplia y atemporal, al tiempo que se escurre en múltiples ensoñaciones, a través de las cuales describe circunstancias ilusorias o reales, en las que se evidencia la precariedad de la condición humana a la que estamos expuestos.

Lo hace desde un discurso que oscila entre el sentido estrictamente real y la alegoría.

Se sirve de un tono ácido, entre humorístico y resignado, que no contempla ni rebeldía ni condescendencia y se instala en el centro del relato con la plena aceptación de los hechos.

Una coyuntura de lenguaje poético, aforismos y terminología localista compromete al lector en un viaje íntimo hacia la aceptación de una realidad de conjunto que se impone en la vida del individuo, más allá de su voluntad.

El escritor, al reconocer la imposibilidad del hombre de escapar de la circularidad en la que se encuentra atrapado, aporta al lector el recurso del lenguaje como elemento liberador de una nueva construcción que pueda navegar las aguas del propio discernimiento. No obstante, no pasa inadvertido el ensamble que Capasso hace del final con el principio de la novela en una suerte de reincidencia de los hechos, que brinda en forma deliberada, otro modo lúdico de incitación. En síntesis la lectura de La Ciudad después del humo constituye, según creo, un recorrido a través de las infinitas experiencias que las palabras nos ofrecen y que, en el relato, parecen inaugurar un nuevo universo posible.

http://textos-en-escombros.blogspot.com/search/label/La%20Ciudad%20despu%C3%A9s%20del%20humo

sábado, 20 de febrero de 2010

"el edificio" (fragmento) Mario Capasso

El carácter lúdico presente en esta obra casi sin pausa -consolidado en un ameno juego de palabras- pareciera ser la característica relevante de esta novela de Mario Capasso. Sin embargo, el momento en que nuestra imaginación se expande, conducidos por el autor en un viaje sin pautas ni restricciones, nos sorprende en medio de otro juego: el de la libertad que nos ofrece asumir nuestra propia audacia como lectores.


En el edificio circula desde tiempos remotos una historia, tal vez se trate sólo de una leyenda de fin de temporada, pero sería injusto omitirla. Se dice que alguien alguna vez lo cruzó por algún pasillo y que gracias a la lucha de clases y a lo avanzado de la hora, lo reconoció por la remera y le clavó la mirada. El SUPER se deshizo de los clavos y corrió entonces escaleras arriba y su perseguidor, por las dudas de atrás, le siguió el rastro sin verle el rostro. El SUPER se refugió en el archivo de cosas olvidadas y el perseguidor esperó afuera pues los horarios no coincidieron por cuestión de segundos. Mientras aguardaba, al perseguidor se le dio por cerrar los ojos en un momento dado y el SUPER, dado el momento, pasó frente al perseguidor sin voltear el cubilete y de esta forma o de otra o de ambas alcanzó luego la azotea. Allí lo localizó más tarde el perseguidor que, para distraerlo, empezó a comprobar si la ropa tendida estaba seca o si aún le faltaba. El SUPER, como era de suponer y como ya casi era de noche, no cayó en la húmeda y estúpida treta y, con la rapidez que se le atribuye en las charlas de café, tiró el pocillo y se disfrazó de perseguidor y con esa maniobra desconcertó al perseguidor que procedió a pestañear repetidamente, al tiempo que se rascaba la cabeza, como extrañado. El breve instante de perplejidad sufrido por el perseguidor fue bien aprovechado por el SUPER para tomar la carrera necesaria y saltar al edificio vecino más lejano. Ante esta situación, el perseguidor, al verse a sí mismo realizar tan complicada acrobacia, quedó asombrado y orgulloso de semejante hazaña y se fue de lo más contento silbando una chacarera trunca por las escaleras. Como producto visible y palpable de este suceso, se puede afirmar que nada cambió en el edificio, lo que hace a la leyenda singularmente inútil. Y en todo caso esto ocurrió, si es que en realidad ocurrió, hace muchos años. Hoy por hoy, las cosas son bien distintas, ya nadie corre en el edificio, nadie persigue nada.

martes, 24 de noviembre de 2009

"Piedras abajo" Mario Capasso

Cae la llovizna y el hombre, que ya ni repara en ella, apostado en la terraza, con el cuerpo levemente inclinado hacia la derecha, apunta con su arma a uno de los que ahí abajo, en la calle, no se queda quieto ni un momento y coloca una piedra tras otra. Si al menos se detuviera un instante, si cualquiera de ellos se detuviera un instante, se ilusiona el hombre del arma, que sacude la cabeza para desprenderse de las gotitas y que enseguida se pregunta si él entonces tendría el valor o la suerte de disparar. ¿Y si tuviera alguna de esas cosas? ¿Y si además acertara con el tiro justo y derribara a alguno por la vía de un balazo en la frente? ¿Qué pasaría entonces? ¿Qué harían los otros? Los otros, sí, los que no ha podido contar de tan iguales y construyen ese empedrado bajo la llovizna que no cesa y el cielo que nunca aclara. Confusamente reconoce no saberlo, el hombre del arma apunta y no acierta con las respuestas, y tampoco sabe, o no lo recuerda ahora, cuándo fue que empezó todo, y todo es este presente en el que los de "la cuadrilla", como él llama al grupo, van colocando una piedra y luego otra y otra más...

jueves, 13 de agosto de 2009

Acerca de "El cruce del Aqueronte" - Mario Capasso

En el cuento “El cruce del Aqueronte”, de Abelardo Castillo, el personaje escribe una carta. El texto de la misma no se da a conocer. Una posibilidad es la siguiente:
Mara te escribo una carta. Y sabés qué. Que si tuviera el coraje de una horda sería capaz de cruzar mis palabras desde mi boca hasta tu oreja, así, como el célebre cross a la mandíbula. Pero no, el asunto es más complejo, al menos para mí, y como tengo el valor de un casi hombre, te escribo una carta a duras penas, Mara. O al menos, ya que no puedo estar seguro de nada en esta vida, así parece demostrarlo este cuaderno que tiembla sobre mis rodillas y esta lapicera que se mueve delante de mí, y si es que no me engaña el que nunca falta después, el irrebatible dolor de cabeza, y encima este calor, porque no sé si sabés, todo el calor transpira sobre mi cuerpo, que todavía sospecha que te escribe. Tal vez, Mara, vos tengas alguna responsabilidad, ¿mérito?, en el hecho de que yo esté ahora acá, puesto en un micro que, según el boleto que acabo de leer a tientas, me depositará en Concordia. Eso si hay un poco de suerte y alguien me ayuda a bajar, pues la Abuela Mística ya desapareció, en Zárate me parece, y se fue de mi viaje sin que le pudiera dar las gracias por haber cuidado del portafolio mientras yo dormía y, además, el nieto que me hubiera gustado ser la esperaba, y a mí no sé si alguien me esperará. O sí que sé, porque siempre es lo mismo. Mi itinerario, Mara, según el testimonio de algunos textos extraviados por ahí, ha sido un sumergirse en una ficción de letras y alcohol. Vos invertirás los términos y tendrás razón. Y vos sos la razón de mi vida, como le habrá dicho Evita al General en la cama, luego de alguna batalla, antes de la derrota final. Pero me fui de tema, siempre me estoy yendo, ya sabés. Vuelvo entonces a letras y alcohol. Alcohol y letras, sería el orden que vos dispondrías, (te conozco, mascarita), ya que las unas son el resultado del otro, su consecuencia inevitable. Y puede ser, por qué no. Tal vez yo sea sólo una cobardía de letras envalentonada por el whisky y sus hermanos menores, a los que nunca subestimé, te acordás de aquella noche que, sí, vos te tenés que acordar, tan linda, tan joven, pobrecita. Pero ahora Mara, llamo desde el fondo, grito, reclamo el pago de una deuda que no existe.Vos. No me dejes caer vos.No abandones Mara al que te traiciona con tanta fidelidad. Porque el micro sigue su marcha y yo escribo, creo, una carta con tu nombre, y no veo la salida aunque ya estoy pensando en lo que deberé hacer cuando llegue y desde la terminal me lleven a alguna parte. Tendré que subir unos escalones y ya te imaginás, no, dejen, está todo bien, puedo solo, faltaba más. Y entonces allí tendré que enderezarme lo mejor posible ante algún grupo de personas muy decentes llamado amanecer literario o el sol de las letras o cosa por el estilo, y me pedirán que por favor les dé una conferencia, de la que apenas voy sospechando algo para decir.Pues aquí lo respetamos mucho, lo admiramos tanto, ¿sabe usted?, dirán.El cuestionario, que habrán preparado en reuniones de lo más ardorosas, incluirá un pedido para que reflexione sobre la misión del escritor en la sociedad, si el cuento es más fácil que la novela, los autores que leí en mi juventud, mis influencias, si tengo horarios para escribir o si me viene la inspiración como le vienen a un pibe las ganas de mear. Infaltable, me preguntarán sobre el cuento-karma que arrastro, iba a decir como una cadena, fijate qué original estoy. No importa. Sigo. Y entonces fumaré mi pipa y les echaré el humo e intentaré decir algo que les suene inteligente, o acaso cualquier barbaridad más o menos hilvanada, al fin y al cabo, ya sabés, Mara, casi siempre me repito.Y en algún momento, al final de la parte en que contesto las preguntas del público presente, son ustedes tan gentiles, tan amables son, alguna de las chicas sentadas en el fondo de la sala, querrá saber en qué ando ahora, qué estoy creando a través de mi pluma privilegiada. Y si logro una vez más no decir la verdad, a ésa que preguntó toda emocionada, la típica adolescente intelectual y soñadora, justo a ésa que quiere cambiar el mundo con una metáfora, la tendré a mi disposición en el cuarto del hotel que me habrán reservado estas buenas gentes dos meses antes y entonces, mientras la bella lee para mí, sólo para mí, Mara, sus poemas de amor y de lucha, pondré mi mejor cara de, bueno, ya sabés que cara pongo en estos casos, en fin, le diré que cómo puede ser que hasta ahora ninguna editorial se haya dignado, y esa profundidad de pensamiento tan tuya, ese fluir tan hermoso que brota de tu poesía, le diré y la acostaré y no dejes de recitar, por lo que más quieras pero seguí, vos seguí recitando como sea que te llames, le diré o no, y entonces ella creerá con toda el alma que le está entrando sin pena la gloria del mañana para derramarse dentro, y de esa forma, con el último jadeo, se pensará la privilegiada novia del Poeta. Y como todo esto no me alcanzará para olvidar el fastidio de estos minutos que llevo arrastrándome desde que nací, un rato antes de que la respiración se tome un respiro, manotearé debajo de la cama y agarraré una botella, la primera antes de las siguientes, pues todos saben y dale nomás.Así que mejor, Mara, qué te iba a decir, mejor hacé de cuenta que es el destino y no abandones al que te traiciona. Porque yo, que soy tu viento, siempre vuelvo. Y no hay remedio, mi vida.
Más de Mario Capasso en: http://www.textos-en-escombros.com.ar/

sábado, 22 de noviembre de 2008

"La danza de la vida" Mario Capasso

Desde un costado del camino,
mientras miro las nubes permanecer y cambiar,
la siento, lejanamente reconocible, pasar a mi lado,
rozándome apenas con nuevo fervor las viejas quemaduras.
Y si distraigo un instante el mirar de lo eterno,
y abstraigo la mirada en lo concreto de lo efímero,
la veo.

La veo volar por avenidas anchas de urgencias vanas.
Despegar en airosos aeropuertos, buscando lejos lo que está cerca.
La veo tropezar hablando con celulares muertos de silencio.
Fumar en bares clandestinos, mientras el semen germina
para toser su rutina de irremediables hoteles.
La veo subir en el ascensor malhumorado de los lunes,
bajar corriendo las escaleras de los viernes,
saltando peldaños de brisa fresca.
La siento languidecer en escritorios de piedra,
cerrarse en tornos enmudecidos por el aceite oxidado,
prosperar en largas mesas de marfil y esbeltas siluetas.
La veo buscando la salvación eterna en remotos casinos,
o en pozos profundos y generosos de ilusiones cansadas.
La veo arrodillarse en iglesias que no se humillan,
palidecer y temblar, desobedecer en los inevitables hospitales blancos.

La veo, en fin,
esperar la noche para bailar en los cementerios innombrables.

http://www.textos-en-escombros.com.ar/

Entrevista a Mario Capasso por Elios Buira, nuestro amigo de Moreno-arte en:

http://www.morenoarte.com/