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lunes, 12 de agosto de 2019
sábado, 20 de julio de 2019
viernes, 19 de julio de 2019
miércoles, 5 de junio de 2019
miércoles, 29 de mayo de 2019
domingo, 27 de enero de 2019
PAUL CELÁN
lectura del poema fuga de la muerte de Paul Celán, leido durante la emisiòn del programa número 14, emitido el 14 de octubre de 2018 por Ragna Rock
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Celán Paul,
un caos lúcido en radio
miércoles, 10 de octubre de 2018
SYLVIA CIRILHO
Poemas de Sylvia Cirilho leídos durante la emisión Nª 11 del programa un caos lúcido por la ragna rock el 20 de serptiembre de 2018
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Cirilho Sylvia,
un caos lúcido en radio
lunes, 8 de octubre de 2018
GERARDO CURIÁ
Poemas de Gerardo Curiá leídos durante la emisión Nª 11 del programa un caos lúcido por la ragna rock el 20 de serptiembre de 2018
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Curiá Gerardo,
un caos lúcido en radio
SUSANA CATTANEO
Poemas de Susana Cattaneo leídos durante la emisión Nª 11 del programa un caos lúcido por la ragna rock el 20 de serptiembre de 2018
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Cattaneo Susana,
un caos lúcido en radio
jueves, 27 de septiembre de 2018
LEOPOLDO (TEUCO) CASTILLA
poemas de Leopoldo Castilla, leídos en el programa un caos lúcido por la ragna rock en la emisión del 06 de septiembre de 2018
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Castilla Leopoldo,
un caos lúcido en radio
martes, 25 de septiembre de 2018
CARLOS ENRIQUE CARTOLANO
poemas de Carlos Enrique Cartolano leìdos en el programa un caos lúcido por la ragna rock, el 06 de septiembre de 2018
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Cartolano Carlos Enrique,
un caos lúcido en radio
domingo, 16 de septiembre de 2018
DANIEL ADRIÁN CASTELAO
poemas de Daniel Adrián Castelao, leìdos en el programa un caos lúcido por la ragna rock, el 16 de agosto de 2018
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Castelao Daniel Adrián,
un caos lúcido en radio
LUIS RAÚL CALVO
poemas de Luis Raúl Calvo lídos durante la emisión del programa un caos lúcido por la ragna rock, el 16 de agosto de 2018
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Calvo Luis Raul,
un caos lúcido en radio
MARÌA CASIRAGHI
poemas de Marìa Casiraghi, leídos durante la emisión del programa un caos lúcido por la ragna rock, emitido el 2 de agosto de 2018
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Casiraghi María,
un caos lúcido en radio
FABIO CARDARELLI
poemas de Fabio Cardarelli, leìdos en el programa un caos lúcido en la ragna rock, en el mes de agosto de 2018
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Cardarelli Fabio,
un caos lúcido en radio
jueves, 28 de junio de 2018
cóndor - María Casiraghi
IV
Esta mañana, somos iguales
extranjeros
y americanos
esperamos la misma revelación
hombres y mujeres
buscando en la atmósfera
energías que ya no da la tierra.
Todos juntos, promiscuos
y apunados
por desear la altura del tiempo.
Niños que aún creen
que saltando llegarán a Dios.
VII
Vienes a pedirles paz
peregrino entre peregrinos.
Todos traemos un olor
lo arrojamos al vacío
y rogamos a ellos
que se acerquen
a olfatear nuestra cáscara
indolente.
Que ronden y ronden
estos despojos
que nos saquen la piel
y la destrocen
de una vez
que nos dejen también
sobrevolar
nuestra muerte
que se lleven las ampollas
y nos dejen los caminos.
La
memoria es carroña
si
el que vuela más alto es un buitre.
XVI
Prueba a fijar tus ojos
en los suyos
los cóndores pactaron
un armisticio con el tiempo
en cambio, tú
que siempre estás en guerra
cierras
y abres
abres
y cierras
tus
párpados
señal que temes haber muerto.
Parte 2
VII
Lo primero que se llevan
es el corazón
abren al muerto
y le quitan lo que siente
para que olvide
para olvidar también.
Después
lentamente
durante horas
comen
sólo las entrañas
dejando el resto
para el hambre de otro animal.
Carroña y carroñero
una misma sustancia
nutriendo con ausencia
sus corazones mordidos.
En próximas vidas
en futuros paraísos
se extinguirán los cuerpos,
y la única materia
la única carne
será el viento.
I
Hubo un plan
meticuloso
preciso
para amputarle el cielo
a los cóndores jóvenes
escuadrones de la muerte
a toda velocidad
cortajeaban el aire
con tijeras del tamaño de un cuerpo
pájaros dormidos que iban a morir al mar
y en los Andes
ni se enteraban
los viejos pájaros
que sus crías eran blancos de muerte en las ciudades
y que el mar se tragaba sus cadáveres vivos
seguían su rutina
anidando rocas perennes
daban de comer a sus bocas codiciosas
el fuego que duerme en los volcanes.
En los países del sur
en sus páramos celestes
bandadas de cóndores
furiosos como rayos
llegaban tarde
desapareciendo
a los ojos de los dioses.
Crías del sol
traicionadas
por la sombra del sol.
EPÍLOGO DEL CLARIVIDENTE
¿Te diste cuenta
que la estela que deja el cóndor
es más blanca
que la de los aviones
perseguidos por la distancia?
¿Te diste cuenta
que siempre detrás tuyo
va tu viaje?
Triste de verte sobre el suelo
aferrado a tus opciones
pendiente de los límites físicos
como si no pudieras
igual que el cosmos
reventar
y nacer roca
para que te rocen aunque sea, te rocen sus alas
y en el roce aprendas a perder tu cuerpo
y goces del ritmo
y gimas
cuando entres a ese instante.
¿Te das cuenta?
Era sólo cuestión de enamorarte
antes del estallido
y después cerrar los ojos.
de Cóndor, Alción Editora
sábado, 1 de julio de 2017
la sangre de los expulsados
los que no alcanzaron el perdón
se esparce como río a punto de secarse
el ojo avizor se distrae
con sus propias visiones apocalípticas
en un mundo que no cesa de extinguirse
a pesar de los gritos
de los llantos
de los vientos con nombres extraños
a pesar de las promesas arcaicas
de las utopías por cumplir
de los seres de buena voluntad
del hombre desnudo
y su alma vagando en la espera
- 0 -
Cae desde la nada
un hilo rojo
oscilando entre las nubes
se escucha la voz de lluvia
antes de su llegada
el canto de las aves lejanas
el eco de los viajantes desnudos
el roce del aire en el vacío
las manos pequeñas rogando
las ausencias entre los brillos
la entrega
la espera
un cielo que se disuelve
y nosotros títeres extraño
- 0 -
Todo surge con vèrtigo
como anunciando el fin de los oráculos
las hojas lloran con lágrimas incoloras
hay ojos ocultos
alguien cuenta las horas deslizándose
creca de la oscuridad
los pies que huyen de los amaneceres
para refugiarse lejos de los pórticos
las nubes negras llegan con los gritos dormidos
y los pájaros se fugan antes del vendaval
el mar está lejano y moribundo
las naves se hunden lentamente
sin viajeros
sin gritos por la salvación
de Mundo – Tahiel ediciones 2017
domingo, 10 de julio de 2016
Leonard Cohen
Esperando a Marianne
He perdido un teléfono
que olía a ti
Vivo junto a la radio
todas las emisoras a la vez
pero capto una nana polaca
la capto entre la estática
se desvanece yo espero mantengo el ritmo
viene de vuelta casi dormida
Acaso tomaste el teléfono
sabiendo que yo lo olfatearía inmoderadamente
tal vez hasta que calentaría el plástico
para recoger hasta la última migaja de tu respiración
y si no piensas volver
cómo ibas a telefonear para decirme
que no piensas volver
para así por lo menos Poder discutir contigo
Cielo
Los grandes pasan
pasan sin tocarse
pasan sin mirarse
cada uno sumido en el gozo
cada uno en su fuego
No tienen necesidad
el uno del otro
tienen la más profunda de las necesidades
Los grandes pasan
Registrados en algún cielo múltiple
grabados en alguna risa sin fin
pasan
como estrellas de diferentes estaciones
como meteoros de diferentes siglos
Fuego inalterado
por el fuego que pasa
risa inatacada
por el confort
se pasan los unos a los otros
sin tocarse sin mirarse
necesitando saber tan sólo
que los grandes pasan
Por qué la experiencia no es la maestra de nada
No el mío -el cuerpo que te prometieron
está enterrado en el corazón
de una máquina inutilizable
que nadie puede detener o poner en marcha.
¿Yacerás con él? Podrás cavar hasta muy profundo-
escapar de una o dos Leyes- ver un relámpago
de luz. Jamás
llegarás a acercarte al corazón.
Yo lo intenté -soy el mismo- resultó lo mismo.
Quería que mis sentidos enloquecieran.
El relámpago no era más que una luz ordinaria.
¿Acaso nada podrá mantenerte aquí, mi amor, mi amor?
sábado, 24 de octubre de 2015
Silvia Castro
Isondú
I
en su panteón de Recoleta
Emma Nicolay de Caprile está fuera de plano
sentado en la falda de Emma
un niño sostiene un libro y baja la vista
falta un dedo en la mano posada en su hombro
ese dedo señala el rastro de las primeras letras
la lengua muerta del libro asciende
Emma duerme en su guardapolvo de mármol
su lengua no
estoy tomando una fotografía en latín
la lengua madre sale movida
los vándalos del mármol van y vienen
lo que importa es la iluminación
el niño se deja lamer por la segunda lengua
de la segunda madre
Emma detiene mi disparo con el muñón del índice
en la fotografía
el tiempo sostiene un dedo en alto
silencio
las papilas gustativas de la luz
unen la eme con la a
la eme con la a
una dulce cadena
en el sentido de las agujas
miro la hora
la lengua se cierra sobre el niño
una espiral ascendente
enhebra las letras que faltan
el niño repite:
mamá
la lengua no sale en la foto
detrás de la reja suenan las campanas del Pilar
ya son las cuatro
mater
repite el niño
cuenta campanadas sin recreos
y señala
con mi dedo
la salida
II
Luis Ibarra vive en Constitución
pero nació en Misiones
mirá , Luis
mirá la luz
decía su abuela en guaraní
el día que aprendió a cazar
su mano infalible por la costanera
guardaba en un frasco la luz que iba y venía
entre carpas y compañeros
hacele agujeritos
le pedí
para que respire
mientras le sacaba fotos
la tapa del frasco reflejaba
el vientre metálico de otro DC10
de los tantos que zumbaban
entre el río y la costa
no hace falta ya va a ver
ya va a ver cuando amanezca
esa noche no dormimos
cada tanto iba a mirar frasco y niño
con toda la luz en el interior
el sol abría y cerraba
sus branquias bajo el agua
al amanecer perdimos la tapa de la lente
en la cámara indefensa
la transparencia giraba en los huecos del aire
con toda la luz que se fue por el niño
III
bastaba dar unos pasos hacia atrás para verla
Emma y su cuerpo entero en la portada del libro
ahora sí
dentro del encuadre
esta fotografía no me pertenece
tampoco el índice
ahora todos bajamos la vista
el niño
Emma
el índice y yo
el libro nos convoca:
o mbokua kua kuera michĩ kuera
en la página sesenta y cinco
la luciérnaga irrumpe en manos de una niña
que no encuentra a su muñeca
Mirá, Yassí, si Rorro viera este Isondú
cómo abriría los ojos
¿Por qué no me traes a Rorro, enano?
el Yassí Yateré
sólo trae niñas a la selva
muñecas no
Lía yace en su camita de isipós
Rorro, unos metros más allá
¡Oh, adorable muñequita! pálida de miedo
pero tenía el valor de señalar con su manecita sin dedos
el camino rojo rubí que llevaba al raptor
unos pasos se detienen junto al enano
ha llegado la madre con el frasco
hacele agujeritos
dice el niño
que ya aprendió a leer
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